No solamente, motivos históricos nos
mueven a afirmar la originalidad de la lengua andaluza. Estudios
lingüísticos sobre el andaluz hablado actualmente en Andalucía y
América, nos llevan a las mismas conclusiones. El catedrático de
lingüística de la Universidad Autónoma de Madrid, Juan Carlos
Moreno Cabrera, en su libro “La dignidad e igualdad de las lenguas,
crítica de la discriminación lingüística”, lo explica de esta
manera:
“Nosotros mismos creemos hablar la
lengua española y cuando oímos a un andaluz o a un extremeño
pensamos que ellos hablan un dialecto del español. Nada hay más
falso. Tanto ellos como nosotros hablamos dialectos. Nadie habla la
lengua española. Si un andaluz disimula su acento para adecuarse al
nuestro, no ha pasado del dialecto a la lengua, sino de un dialecto
de menos prestigio a otro dialecto de mayor prestigio.
Las variedades sobre las que se basa lo
que se conviene que es la lengua estándar, culta o común llegan a
adquirir un prestigio que no proviene de consideraciones
estrictamente gramaticales, sino de otras de cariz político y
social. El basar una norma culta en un dialecto es un hecho puramente
convencional desde el punto de vista gramatical y se explica por
cuestiones de supremacía social, económica, militar, demográfica o
política o de acuerdo dentro de una comunidad lingüística...
La lengua estándar considerada
correcta y ejemplar en una comunidad nunca debería identificarse con
el concepto de lengua abstracta que utilizan los lingüistas y
gramáticos para darle una respetabilidad y objetividad científicas
que no tiene en modo alguno. Los lingüistas deben ser los primeros
en rebelarse contra este uso ideológico o político de los conceptos
que utilizan en su quehacer científico...
En efecto, cuando se idealiza en una
descripción lingüística y se habla, por ejemplo, de un
hablante-oyente ideal localizado en una comunidad lingüística
homogénea y a continuación se estudia únicamente una determinada
variedad lingüística, que suele ser la lengua que se reconoce como
estándar, se está privilegiando una variedad entre otras muchas y
la descripción en su totalidad, por muy objetiva que sea, tiene un
fundamento ideológico subyacente, que en modo alguno puede hacerla
neutral, inatacable e inobjetable ideológicamente......... la
actividad de los gramáticos pasa así a estar al servicio del
mantenimiento y valoración de una variedad concreta que se
privilegia sobre las demás...... Contra esta impresión,
absolutamente falsa, tendrían que luchar denodadamente los
lingüistas y gramáticos. Si no hay tantos estudios sobre variantes
no estándar de una lengua se debe a ese mayor interés de los
lingüistas y gramáticos por hacer respetable su objeto de estudio
mediante el acercamiento casi exclusivo a la variedad lingüística
que se considera más respetable y social y académicamente rentable.
A partir de todo lo dicho, es palmario que la idea de que las
variedades lingüísticas que no se adecuan a la lengua estándar son
peores, se ha utilizado en muchas ocasiones para justificar el
racismo...
Este empeño por el mantenimiento de la
unidad de una lengua dominante con una amplia extensión geográfica
no puede consistir en impedir y enmendar las variedades o dialectos
de una lengua pues tal tarea es manifiestamente imposible: sería ir
contra la naturaleza misma de la lengua. La idea de impedir que las
variedades lleguen a constituirse como lenguas autónomas y distintas
de la variedad estándar vale lo mismo, en las situaciones de dominio
y sometimiento, que negar a las comunidades que las hablan su derecho
a ver reconocida su variedad como un instrumento de comunicación y
de cultura situado a estos efectos al mismo nivel que la variedad
estándar. Esta nivelación, en las situaciones de desequilibrio,
supondría arrebatar a esa variedad estándar una de sus parcelas de
poder idiomático y cultural. Por ello, defender la unidad de una
lengua dominante equivale de hecho, en muchas ocasiones (no
necesariamente en todas), a defender la imposición de una variedad
lingüística sobre las demás. Esto es de hecho así, porque hemos
intentado demostrar que la lengua estándar no es más que una
variedad lingüística entre otras;: una variedad que ha visto
privilegiada su situación por determinados factores de carácter
extralingüístico (que nunca lingüísticos).
Las personas que han tenido acceso a la
educación pueden conocer mejor la variedad lingüística estándar
que las que no han podido acceder a ella. Que éstas hablen
variedades lingüísticas no estándar no quiere decir que hablen
peor o incorrectamente. Simplemente, hablan de distinta forma.
Los dialectos andaluces se ven a veces
como variedades corruptas, imperfectas y empobrecidas del español
estándar, que deben estar ligados a éste y no deberían
constituirse en lengua:
Es perfectamente planteable considerar
al andaluz como una variedad más "blanda, suave" que la
castellana. Lo mismo que también es planteable que el andaluz deba
seguir subordinado al español. Es decir, que la lengua andaluza,
frente a lo que algunos exaltados predican, no deben romper amarras
con el castellano e independizarse como lengua porque esto llevaría
al andaluz a la situación absurda de fragmentarse en multitud de
hablas, con lo cual en vez de poseer una lengua de cultura
estandarizada se pasa a una situación como la de las lenguas
beréberes actuales. (E. J. Manjón Pozas y J. D. Luque Durán, 1937:
218).
En definitiva, el andaluz no debe
acceder al estatus de lengua de cultura, porque se fragmentaría en
multitud de hablas. Es la maldición que se suele pronunciar cuando
se considera la posibilidad de que el estatus de una variedad como la
lengua estándar de cultura pierda en todo o en parte su dominio
sobre las demás. El dilema se expone en toda su crudeza: o la
subordinación incontestable e incuestionable de esa variedad a la
estándar o la barbarie.
Primero, hay que decir que, desde el
punto de vista estrictamente lingüístico, los dialectos andaluces
(cualquiera de ellos) son tan dignos y tan capaces de constituir la
base de una lengua estándar como lo pudo ser en su día el dialecto
castellano. Otra cosa muy distinta es la conveniencia o no de llevar
a cabo esto. Pero no hay ningún criterio estrictamente lingüístico
que hace imposible o impensable la creación de un estándar andaluz
diferente del estándar basado en el dialecto castellano.
Pero es que aquí hay un hecho de
historia de la lengua española que se obvia y que se resume
perfectamente en el siguiente párrafo:
A pesar de que la corte se asentara en
Valladolid y sobre todo en Madrid, la pronunciación del sur,
principalmente la sevillana, no sólo se mantuvo, sino que se llevó
a América, puesto que Sevilla era el centro de organización y
gobierno de la colonización. Más que influencia entre andaluz y
americano, se trata de que hoy día, si no se detalla más, hay dos
pronunciaciones básicas, y una de ellas es la de España meridional
y América. (...) Hay, pues, dos dialectos, en el siglo XV pero
también hoy. (...) Sin embargo, el otro dialecto, el sevillano y
americano, no sólo sigue siendo hablado (por un número nueve veces
mayor de personas que el otro), sino que, si hay que aplicar el
criterio de la literatura, ha producido verdaderas obras de arte
verbales. En lugar de tener la lengua española el dialecto andaluz y
el americano, ocurre que lo que se suele considerar como lengua
resulta ser un dialecto, el castellano. Lo interesante, lo que hay
detrás de considerar como lengua lo que es un dialecto, es la
función social que cumple ese dialecto y cómo ha llegado a ella.
(J. Garrido, 1997: 71-72).
No hay, pues, ninguna justificación
histórica para pensar que la variedad andaluza-americana deba seguir
subordinada a la castellana, sino más bien para todo lo contrario.
Pensar que el andaluz debe seguir subordinado a la norma estándar
castellana si no quiere convertirse en un conglomerado de hablas es
una postura claramente ideológica y no se puede entender más que
desde una posición de hegemonía cultural, política y económica,
nunca desde una postura estrictamente lingüística y gramatical.
La pregunta sobre si se va a fragmentar
el inglés (o el español o el francés) en realidad oculta otra
cuestión que pone de manifiesto mucho más a las claras su innegable
trasfondo ideológico: ¿Conseguirán las otras variedades del inglés
(del español o del francés) desbancar de su predominio cultural a
la variedad que lo ha venido ejerciendo hasta ahora?.
Para evitar esto es absolutamente
necesario que esas variedades queden sistemáticamente fuera del
estándar literario. La diferencia entre la variedad estándar
literaria y las variedades habladas radica precisamente en esta
exclusión:
Hay dos maneras en las que una lengua
puede desaparecer. Una de ellas se puede conceptuar como
lingüísticamente natural y se produce cuando las diversas
variedades de una lengua se van diversificando paulatinamente y
acaban convirtiéndose en lenguas diferenciadas. La lengua madre se
disuelve en sus descendientes. Esto es lo que ha ocurrido con el
latín y las lenguas románicas. Las lenguas, como todo en la vida,
tienen un comienzo y un fin y el español, si no desaparece por
alguna catástrofe, se irá diversificando y acabará convirtiéndose
en lenguas diferentes, como ocurrió con el latín. Nada hay eterno
en este mundo y las lenguas son de este mundo. Hay otras maneras en
las que puede morir una lengua, dialecto o variedad: por una
catástrofe natural o provocada por el hombre, pueden desaparecer de
golpe los hablantes que la usaban, o por cuestiones de dominio
cultural y de menosprecio, inducido de la lengua propia, los mismos
hablantes pueden dejar de transmitírsela a sus hijos y, como ya
hemos observado anteriormente, las lenguas que no se transmiten de
generación en generación se mueren irremediablemente. Estos modos
de muerte de las lenguas no son lingüísticamente naturales y, desde
luego, pueden evitarse en mayor o menor medida. Lo importante es
tener en cuenta que, de no ser por estos factores sustancialmente
extralingüísticos, las lenguas sólo morirían del modo natural".
Blas Infante, en la década de los años
treinta del siglo pasado, ya intuía lo que hemos expuesto en los
párrafos anteriores. No era un experto en lingüística, ni en su
época se conocía la información de la que disponemos hoy en día,
pero su intuición, le lleva a pensar en la falta de lógica de las
tesis oficiales. A través de los estudios de los arabistas Ribera
Tarragó y Asín Palacios, empieza a acariciar la idea del andaluz,
no como dialecto del castellano, sino como una lengua genuina basada
en el desarrollo histórico de las lenguas habladas en Andalucía y
la interrelación de estas. Después de quinientos años desde la
conquista cristiana, los andaluces seguían hablando de forma
diferente a los castellanos. Si la población andaluza era originaria
de la repoblación de Andalucía con castellanos y gallegos después
de la expulsión de los moriscos: ¿Por qué los andaluces hablaban
de forma tan diferente a estos? ¿Por qué el habla andaluza tenía
fonemas derivados del árabe que no tenía la lengua castellana? ¿Por
qué la lengua castellana tenía tantos vocablos árabes? :
“El lenguaje andaluz tiene sonidos
los cuales no pueden ser expresados en letras castellanas. Al
‘alifato’, mejor que al español, hay necesidad de acudir para
poder encontrar una más exacta representación gráfica de aquellos
sonidos. Sus signos representativos hubieron los árabes de
llevárselos con su alfabeto, dejándonos sin otros equivalentes en
el alfabeto español. Tal vez hoy alguien se ocupe en la tarea de
reconstruir un alfabeto andaluz. Pero mientras tanto, es preciso que
nos vengamos a valer de los signos alfabéticos de Castilla. En el
diálogo del texto, siempre que usemos la h, se entenderá que ésta
debe ser aspirada. La j indicará un sonido más fuerte que el de la
h simplemente aspirada y mucho más suave que la j castellana. La r
tiene en el lenguaje andaluz un sonido más suave que en el
castellano, y la z un sonido intermedio entre z y s” (Blas
Infante)
Para Infante, la recuperación de la
lengua andaluza, con la creación de una academia de la lengua, es de
una vital importancia para la recuperación de la dignidad perdida
por una historia ajena a nuestra realidad. El ‘genio’ andaluz, no
se podía expresar con el alfabeto castellano, pues carece de los
sonidos del idioma andaluz, el cual –según Infante- solo se puede
expresar con el ‘Alifato’ –alfabeto árabe-, cuyas letras si
expresan los sonidos vocálicos del habla andaluza-. Una de las
mayores frustraciones de Infante fue el no poder concretar una
gramática andaluza que expresara de forma exacta el habla popular en
Andalucía:
“Yo no he ganado todavía el
premio que más me estimularía: el poder vivir en andaluz, percibir
en andaluz, ser en andaluz, escribir en andaluz”.
Alí Manzano

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