Hemos visto dos de los tres ejes sobre
los que gira el pensamiento Infantiano: La fundamentación histórica
de Andalucía en Al-Andalus –como última civilización
genuinamente andaluza, donde ‘Andalucía fue libre’- y el
concepto Universalista de Nación. El tercer eje, podríamos situarlo
en el antagonismo entre Occidente y Oriente –a nivel conceptual y
de valores-, entre una Europa –“España cabecera de Europa contra
Al-Andalus”- y una Andalucía de valores Orientales. Para Infante,
Andalucía representa la cabecera de Oriente en Europa, y por
consiguiente, tierra fronteriza; el campo de batalla donde dos
conceptos tan contradictorios en las formas de entender la vida
pública, las relaciones entre personas, pueblos y territorios, así
como los valores más íntimos del ser humano tales como su
espiritualidad –en sus formas externas e internas-, vida familiar y
social, se enfrentan en una lucha inconclusa, que solo puede
finalizar por la deposición de la ideología de ‘trincheras’ que
ha caracterizado a Occidente, donde la única posibilidad de
entendimiento radica en la sumisión del ‘enemigo’ a sus
imposiciones. El triunfo aparente y temporal de Occidente no se ha
basado en la superioridad de las ‘ideas fuerza’ defendidas por
Occidente, sino, muy al contrario, en la imposición por la fuerza de
las armas de esas ideas, que en el campo de las ‘idea fuerza’
habían fracasado, como ya lo hemos visto a lo largo de la historia
de Andalucía.
A pesar de la vorágine conquistadora
de Occidente y de la imposición de sus parámetros sociales y
políticos, de su filosofía vital y del ‘estilo’ que dimana de
esa filosofía, en el fondo de la conciencia Occidental, se tiene el
pesar de no haber conseguido imponer su ‘estilo’, justificándolo
en la falta de entendimiento entre esas ‘culturas’. Este
sentimiento, ya lo expresaba Rudyard Kipling cuando escribió: ‘East
is East and West is West, and never the twain shall meet’ –Oriente
es Oriente y Occidente es Occidente, y los dos no se encontrarán
nunca-. En esta frase, se puede condensar todo el pensamiento
conquistador Occidental, motivado por el despecho y la frustración
que le produce el admitir que aquellos a los que ha sometido y
conquistado, poseen algo que escapa a su poder, desconocido para el
Occidental y que impregna toda la vida del ser Oriental, haciéndole
impenetrable al acoso material e intelectual de Occidente: unos
valores diferentes, que son el resultado de la materialización de un
‘ideal de vida’ basado en objetivos ininteligibles para el
Occidental.
En Occidente, sigue instaurada en la
psicología colectiva, la ideología de cruzadas que configuró la
Europa moderna, y sobre la que Occidente basó su predominio
material. A las cruzadas de la Edad Media, siguieron las guerras
coloniales, mediante las cuales, además de conseguir el predominio
económico y militar, se intenta imponer a los países colonizados
los ideales occidentales de ‘Democracia, Derechos Humanos y
Secularización’, como forma de superar el miedo al diferente, como
valor sobre el que se han basado las agresiones occidentales a ‘los
otros’, haciéndolos iguales a nosotros. Pero estos principios
‘Occidentales’, no podían calar en las sociedades Orientales. La
política Occidental en Oriente, llenó a estos países de Dictaduras
al servicio de los intereses de los colonizadores occidentales, donde
la violación de los derechos humanos era práctica cotidiana,
amparada por el colono occidental. La pretendida Secularización de
la vida social, en unos casos, se hace a la fuerza, frente a una
cultura que basa sus relaciones sociales en otros parámetros muy
diferentes, y en otros, favorecen un integrismo religioso que les
proporciona la herramienta necesaria para el control de la población,
como por ejemplo el Wahabismo islámico de Arabia Saudita, favorecido
por el gobierno colonial inglés, frente a otras formas de entender
el Islam, como el shi'ismo o el ‘sufismo’, hoy en día prohibids
y perseguidos en este pais.
Uno de los episodios más recientes de
esta relación Occidente-Oriente, ha sido la conversión de las
Dictaduras impuestas por Occidente en los países orientales, en
Democracias de corte occidental. Las consecuencias de las elecciones
democráticas en estos países, ha sido la llegada a los órganos de
poder en numerosos países de grupos ‘islámicos’, con un
programa ‘nacionalista’, apoyados por amplios sectores de las
poblaciones, en un inequívoco gesto de rechazo a la colonización
política y económica occidental y a la imposición de sus formas
culturales.
Ante esta situación de la expresión
de la ‘voluntad popular’, base de la democracia, la respuesta de
Occidente, ha sido una nueva agresión. En Argelia, tras ganar las
elecciones un partido pro-islámico, estas son anuladas, por no ser
los resultados del agrado del gobierno colonial francés, lo que ha
originado largos años de guerra civil, y millares de muertos. En
Palestina, ante la victoria de Hamas, Occidente reacciona con la
retirada de la ayuda comprometida para la subsistencia de la
población, acosada y empobrecida por la agresión Israelí. Irak se
desangra en una guerra civil provocada por la brutal agresión de
EEUU e Inglaterra. Irán y Siria, son continuamente amenazadas por
EEUU y Europa. Afganistan, sigue sufriendo las consecuencias de la
invasión norteamericana. Mientras tanto, el ‘nacionalismo
islámico’, sigue creciendo en países como Egipto, Marruecos,
Pakistán, India…acrecentando la brecha entre Occidente y Oriente.
El principal motivo de la creciente
brecha es la no aceptación por parte de Occidente de gobiernos de
corte ‘islamista’, en base a los prejuicios de la sociedad laica
como única forma de entendimiento entre Estados. Una vez más,
Occidente no ve la viga en su ojo. Mientras exigen gobiernos laicos a
los países Orientales, en EE.UU. es imposible ser elegido para cargo
público alguno sin demostrar unas sólidas creencias cristianas. En
España, tras cuarenta años de Dictadura ‘Nacional-Católica’,
la Iglesia Católica sigue influenciando en la política del Estado,
participando en masivas manifestaciones políticas en contra de
importantes avances sociales. En Francia, Holanda, Dinamarca, Italia
o Austria, ganan fuerza los partidos ultraconservadores, impregnados
de ideología ultracatólica. Partidos gobernantes o con
posibilidades de gobierno en Europa, se declaran
Demócrata-cristianos, integrados en la Internacional
Demócrata-cristiana, de la que forman parte partidos como PNV, PP o
CIU, declarando al cristianismo como base de su ideología. Europa,
consiente en su seno un “Estado Vaticano”, sede de la Iglesia
Católica, con la consideración de Estado y los privilegios
inherentes a ello, a pesar de incumplir numerosos tratados
internacionales.
No fue solamente Blas Infante el que
pusiera el acento en las relaciones Occidente-Oriente, como uno de
los mayores problemas de la humanidad, y por ende, de Andalucía.
Muchos intelectuales europeos, contemporáneos de Blas Infante, como
por ejemplo, el ‘Orientalista’ francés René Guenón, ya nos
advertían del peligro de una interpretación etnocéntrica del
mundo, para el entendimiento entre las dos grandes ‘civilizaciones’
de la humanidad:
“Mientras que los Occidentales se
imaginen que no existe más que un solo tipo de humanidad, y que no
hay más que una sola ‘civilización’ en diversos grados de
desarrollo, no será posible ningún entendimiento. La verdad es que
hay civilizaciones múltiples, que se despliegan en sentidos muy
diferentes, y que la civilización del Occidente moderno presenta
unas características que hacen de ella una excepción bastante
singular. Admitiendo incluso que sean efectivamente comparables, no
se debería hablar nunca de superioridad o de inferioridad de una
manera absoluta, sin precisar desde qué punto de vista se consideran
las cosas que se quieren comparar. No hay civilización que sea
superior a las demás desde todos los puntos de vista, porque al
hombre no le es posible aplicar igualmente, y a la vez, su actividad
en todas las direcciones, y porque hay desarrollos que aparecen como
verdaderamente incompatibles. Pero es lícito pensar que hay que
observar una cierta jerarquía, y que las cosas del orden
intelectual, por ejemplo, valen más que las del orden material. Si
ello es así, una civilización que se muestre inferior en el primer
aspecto, aun cuando sea indiscutiblemente superior en el segundo, se
verá aún desfavorecida en el conjunto, cualesquiera que puedan ser
las apariencias exteriores; y tal es el caso de la civilización
Occidental, si se las compara a las civilizaciones Orientales.
Sabemos bien que esta manera de ver choca a la gran mayoría de los
Occidentales, porque es contraria a todos sus prejuicios; pero,
aparte de toda cuestión de superioridad, deben admitir al menos, que
las cosas a las que atribuyen la mayor importancia no interesan
forzosamente a todos los hombres en el mismo grado, que algunos
pueden tenerlas incluso por absolutamente desdeñables, y que se
puede dar muestras de inteligencia de otro modo que construyendo
máquinas. Ya sería algo si los europeos llegaran a comprender eso y
se comportaran en consecuencia; sus relaciones con los demás pueblos
se verían algo modificadas por ello, y de una manera muy provechosa
para todo el mundo”.
Compartiendo el mismo criterio que René
Guenón, Blas Infante, expresaba su idea de caducidad de los valores
Occidentales, producida por su propio agotamiento, al ser la causa de
los problemas que –anticipándose a su tiempo- sufriría Europa:
Económicos –producidos por el agotamiento de las reservas
naturales-, medio ambientales –los métodos de producción y el
sistema de vida Occidental están provocando cambios medioambientales
que harán replantearse este sistema- y sociales –guerras contra
los poseedores de recursos naturales y contra los que no comparten la
visión del mundo Occidental-. A propósito del etnocentrismo
europeo, y como paso previo para la recuperación de los valores
propios de Andalucía, Blas Infante presagiaba:
“No confundamos. Una cultura se cree
superior a otra cuando sus recursos técnicos son mayores; cuando ese
campo de la técnica, que hoy se dice viene a ser neutralizador de
las culturas, es más extenso o más potente. Ahora bien, ¿Cuándo
los recursos técnicos se emplean por un pueblo, expresados, por
ejemplo, en una superioridad militar o económica para dominar a
otro, representan en sí mismo la superior cultura beligerante? Al
contrario, la niegan.
Los grandes recursos técnicos
desarrollados en la Guerra Europea, cuando desde las cabinas de los
aviones descendían las bombas que asesinaban los inocentes de las
ciudades indefensas; cuando los cañones de largo alcance sembraban
la muerte con sus disparos de elevación, como si un mago infernal
desde el cielo lanzara metralla sobre la tierra, ¿era un ‘espíritu’,
era una cultura la que reñía contra otra? No, era la barbarie que
desgarraba toda cultura. Cuando los españoles en Cuba o
principalmente en Haití, país angélico traicionaban pactos y
exterminaban razas, ¿era la cultura superior de los españoles la
que allí imponía su superioridad? No. En aquel instante era la
cultura del pueblo indio la superior, porque venía a encarnar en la
angustia tremenda de su impotencia infantil, la justicia atropellada,
el dolor escarnecido, los dioses violados, la ingenuidad pervertida,
la pureza profanada: valores culturales.
Si una cultura determina a un pueblo y
este a una cultura; si al ‘espíritu’ se atiende, no hay pueblos
mayores y menores de edad; ni pueblos padres ni pueblos hijos; ni
pueblos superiores ni inferiores refiriendo esta superioridad a la
técnica. Arrogarse una tutela de un pueblo sobre otro, en nombre de
la ‘mayoría’ de edad, de la paternidad o de la superioridad
técnica es un crimen, y toda palabra un disfraz. Cuantas veces se
usaron estas estúpidas palabras referidas a los pueblos, se vino a
verter con ellas la rapacidad o el imperialismo”.
En este viaje virtual, que lleva a
Infante desde el Occidente ideológico en que nació, por la acción
asimilista de la conquista europea, hasta el Oriente cultural y
metafísico al que le llevaron: su Intuición principalmente, y las
influencias intelectuales de hombres como el arabista Asín Palacios,
a través del cual conoce a personajes ‘Orientales’ de la cultura
andalusí, como Ibn Massarrra y los sufíes de la escuela de Almería,
hasta Ibn Arabi, (considerado en el mundo Oriental como uno de los
grandes pensadores de todos los tiempos) sobre los que Infante
fundamenta sus pensamientos de índole esotérica, ofreciéndonos el
retorno al ‘espíritu’ de Al-Andalus, como respuesta a la ‘europa
germanizada’, de valores exclusivamente materiales:
“El profeta de nuestros
antepasados de Al-Andalus que, como todos los profetas, será nuestro
profeta y el de todos los hombres libres, en tanto cuanto digan la
verdad, anunció esta realidad incontrovertible: ¡Ay del día en que
un espíritu no comprenda a otro espíritu! Porque el espíritu es
espíritu como la luz es luz. El hombre cultural en ningún medio
aparece forastero. Ama todas las culturas. Por la misma razón para
los medios de otras culturas no son extranjeros”
(Blas Infante)
“En el naufragio de los valores
clásicos europeos y españoles, está la oportunidad de la epifanía
sin velos, relativa a nuestros propios valores”.(Blas Infante)
La conquista de Al-Andalus por la
cristiandad, no fue obra de España –entonces existía simplemente
como un concepto geográfico, sin implicaciones políticas, sino de
Europa germanizada –en palabras de Infante-, que en forma de
‘cruzada’ envía sus ejércitos contra Andalucía. Los reinos
cristianos del Norte de la península fueron la creación de Europa,
la avanzadilla de esta, compuestos por repobladores venidos de los
reinos europeos atraídos por las promesas de riquezas procedentes de
la rapiña de Al-Andalus. España, -reduccionismo del conjunto de
reinos cristianos del norte de la península ibérica- es el
instrumento de Europa contra Andalucía, controlado por los reinos
francos al norte de los Pirineos. Los únicos rasgos culturales
genuinos en la península –para Blas Infante- son los andaluces,
pues la cultura que se ha llegado a considerar española, aparte de
la numerosa apropiación de los rasgos culturales andaluces, ha
venido del norte:
“Y Francia fue la enemiga de
aquella cultura. Y, tradicionalmente, los españoles europeizados
vinieron siendo solo instrumentos de aquel gran país contra
Al-Andalus. Francia fue el baluarte de Europa contra nuestra cultura,
y mediante sus monjes, sus políticos y sus ejércitos, persuadió a
España a determinarse contra su propia originalidad”.(Blas
Infante)
“España, o la sustancia y la
existencia propiamente españolas, continúan siendo unas realidades
difusas, las cuales muy lentamente vienen desarrollándose o
intensificándose en una evolución no ayudada por la consistencia de
los españoles, creando un contenido para la forma unitaria,
engendrada por medios tan artificiosos como las combinaciones
dinásticas de pasadas vigencias representada por un Estado
centralista, el cual solo en el apoyo de tradiciones ya
desautorizadas funda su autoridad y tiene su asiento. Y,
naturalmente, siendo difusos el ser y la existencia, este carácter
han de tener también los ideales españoles y las orientaciones de
la actividad española, en los órdenes todos, la cual actividad no
podrá llegar a expresarse durante el imperio de tales tradiciones
-¿porqué extrañar, pues, el que no exista un ‘ideal’ español,
ni una constitución política o social puramente españolas, si el
ideal actual de España es todavía ‘llegar a ser’, lo que, según
Naturaleza, regida por el espíritu, debería ser? Esta es la
verdadera realidad española”. (Blas Infante)
La vuelta de Andalucía a los valores
Orientales de Al-Andalus, es cuestión de tiempo. Blas Infante,
vaticina el fracaso de los valores Occidentales que han impregnado la
política europea en los últimos siglos, fracasando en su relación
asimilista con el resto de pueblos del mundo, a los que no ha
conseguido imponer su cultura ni sus formas de vida, a pesar de la
superioridad técnica. Blas Infante, no se equivocó, aunque el final
de los valores Occidentales no estaba tan cercano como el suponía.
Ese final intuido por Infante, ha comenzado a dar signos evidentes en
el presente siglo XXI, con la amenaza del cambio climático, ya
presente, provocado por la vorágine consumista y con las políticas
militaristas que están poniendo al mundo al borde de la
autodestrucción. El fin de los valores Occidentales, hará resurgir
los valores andaluces, cuyo fluir subterráneo sólo espera que los
andaluces vuelvan a sus raíces para organizar su futuro, en base a
esos valores que Al-Andalus transmitió al mundo y que la Europa
‘germanizada’ vino a sustituir por los valores judeo-cristianos
imperantes en Occidente.
“Para nosotros la dificultad es
mayor aún al tener que investigar hasta las razones en las cuales se
asienta la distinción individual, radical o autárquica de nuestro
pueblo, para poder llegar a justificar no sólo esta distinción ante
los demás pueblos, sino para venir a corroborar ante España y, aún
ante los mismos andaluces, los fundamentos de nuestra propia actitud.
Es pues, necesario seguir demostrando a las gentes que no somos unos
ilusos, ofreciéndoles en evidentes objetividades sensibles los
irrebatibles fundamentos, ‘verdaderamente prácticos’ que nos
indujeron y que nos inducen a trabajar por la restauración de
Andalucía, patentizando ante las conciencias de los demás el hecho
indudable de que aprestarse a esta labor es tanto como tomar plaza de
humanidad consciente ante la perspectiva ya cercana de aquellas
crisis, mediante las cuales vendrán a ser definitivamente negadas la
Europa romano-germánica y la España que a esa Europa sirviera de
instrumento, principalmente, contra nosotros”.(Blas Infante)
Aunque los ideólogos del ‘pensamiento
occidental’, nos quieran hacer admitir las raíces de la cultura
occidental en la filosofía y cultura griega, la realidad es muy
diferente: la cultura griega, preservada por Roma, comienza su
decadencia a raíz de la irrupción en el Imperio Romano de la
filosofía judeo-cristiana, radicalmente diferente de la griega,
introducida en el Imperio tras el concilio de Nicea, al ser
proclamado el Cristianismo Trinitario Católico religión oficial del
Imperio, por los intereses e imposición del emperador Constantino. A
raíz de este hecho, se suceden las persecuciones contra todas las
sectas cristianas consideradas heréticas, así como contra todo
aquel que defendiera un pensamiento diferente del proclamado por la
‘iglesia oficial’. Europa se desangró en guerras religiosas
entre las distintas sectas cristianas, hasta que se consumó la
hegemonía católica Trinitaria.
La filosofía judeo-cristiana, comienza
a cabalgar por Europa. Las bases filosóficas de esta fuerza
hegemónica, impregnarán la política europea hasta nuestros días.
Tanto para judíos como para cristianos, ellos son el pueblo elegido
por ‘Dios’, su representante en la tierra, siendo esta objeto de
su uso y abuso. Este concepto de ‘pueblo elegido’, es la base del
etnocentrismo practicado por Occidente, el que le permite imponer al
resto de pueblos su cultura y sus formas, despreciando todo cuanto
sea diferente.
Europa, pierde la filosofía griega,
para entrar en un mundo de dogmatismo, prejuicios, e imposiciones,
todo lo contrario de lo que aquella filosofía representaba. Pero,
por suerte para nosotros, aquella filosofía no se perdió por
completo. Tuvieron que ser los ‘sabios’ andalusíes los que
rescataran las obras de aquellos autores griegos, perdidos en la
oscuridad y en la uniformidad de la Europa Trinitaria Católica. En
Al-Andalus, se tradujeron al árabe las obras de Platón,
Aristóteles, Sócrates, Eurípides, Palmenides, Eraclio, etc…Europa
recupera Grecia a través de Al-Andalus, mediante las traducciones,
comentarios y superación de la filosofía griega, al mezclarla con
el rico bagaje cultural andalusí, mezcla de las nuevas ideas
llegadas de Oriente y del acerbo cultural propio. Hoy, por ejemplo,
no conoceríamos a Aristóteles sin Averroes. El ‘Renacimiento’
europeo, no hubiera sido posible sin Al-Andalus, pues como demuestra
el afamado arabista Juan Vernet en su obra “Lo que Europa debe al
Islam de España”, el ‘Renacimiento’ es fruto de la influencia
andalusí, cuando no una simple transliteración de un Al-Andalus ya
conquistado, a la península Itálica. La nueva filosofía llegada a
Europa con el ‘Renacimiento’, no duraría mucho, pues el
pragmatismo judeo-cristiano, terminaría por arrinconar los valores
Renacentistas.
Otro aspecto de la intransigencia
Occidental, es la no aceptación de las críticas a su civilización,
sintiéndose permanentemente agredidos por aquellos que están en
desacuerdo con su proceder. Ante un comentario como los vertidos en
estas páginas, siempre habrá quién salga en ‘defensa’ de la
civilización Occidental por considerarla atacada. Nada más lejos de
nuestra intención, pues solamente pretendemos expresar una crítica
desde el punto de vista ‘Infantiano’ y el deseo de la superación
de los antagonismos heredados. Pero no somos los primeros en advertir
el problema ni en analizarlo. Ya, a principios del siglo XX, René
Guénon en su obra “La crisis del Mundo moderno” analizaba con
gran brillantez la civilización Occidental y su necesidad de
defenderse de las amenazas exteriores:
“Algunos hablan hoy de “defensa de Occidente”, cosa verdaderamente singular cuando, como veremos más adelante, es Occidente quién amenaza con sumergirlo todo y arrastrar a la humanidad entera en el torbellino de su actividad desordenada. Singular, decíamos, y completamente injustificada, si se entiende, tal como parece a pesar de algunas restricciones, que esa defensa debe estar dirigida contra Oriente, pues el verdadero Oriente no piensa en atacar ni en dominar nada, ni pide tampoco nada más que su independencia y su tranquilidad, lo que, se estará de acuerdo en ello, resulta completamente legítimo. La verdad, sin embargo, es que Occidente tiene en efecto una gran necesidad de ser defendido, pero únicamente de sí mismo, de sus propias tendencias que, si son llevadas al extremo, le conducirán inevitablemente a la ruina y la destrucción. Por lo tanto, es de “reforma de Occidente” de lo que habría que hablar, y esta reforma, si fuera lo que debe ser, es decir, una verdadera restauración tradicional, tendría como consecuencia natural un acercamiento a Oriente. Por nuestra parte, no pedimos sino contribuir, en la medida de nuestros medios, a esa reforma y a ese acercamiento, si es que todavía se está a tiempo y si tal resultado puede lograrse antes de la catástrofe final hacia la que la civilización moderna camina a grandes pasos; pero incluso si fuera ya demasiado tarde para evitar la catástrofe, el trabajo realizado con esa intención no seria inútil, pues serviría en todo caso para preparar, por remota que sea, la discriminación de que hablábamos al principio y asegurar así la conservación de los elementos que deberán escapar al naufragio del mundo actual para convertirse en los gérmenes del mundo futuro”.
Alí Manzano.

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