Al igual que en los asuntos religiosos
los conquistadores nos trajeron la “Santa Inquisición”, para
asegurarse de que los andaluces eran buenos cristianos, y castigarlos
en caso contrario… en asuntos lingüísticos, ocurrió algo
similar: se crea la “Real Academia de la Lengua”, cuyo lema es
‘limpia, fija y da esplendor’. Su misión primigenia, fue la de
‘limpiar’ de arabismos y andalucismos la lengua española. A
pesar de su ardua labor durante siglos, han quedado en el idioma
español numerosos arabismos, vocablos y formas lingüísticas
andaluzas. ¿Por qué? Porque posiblemente, lo que se ha denominado
idioma español, no nace en ‘España’, sino en Andalucía, donde
el árabe era hablado tanto por las clases más cultas y acomodadas,
como por las más humildes, en actos administrativos, religiosos,
académicos, científicos, literarios, políticos, diplomáticos...
alternando con el denominado “romance andalusí” en los ambientes
más familiares, en una sociedad caracterizada por el “bilingüismo”.
La aljamía, o romance andalusí, era una mezcla del idioma de los
pobladores prerrománicos andaluces, el bereber, y el árabe, con la
incorporación de elementos lingüísticos latinos.
La primera referencia de un texto
escrito en ‘romance andalusí’ o ‘aljamía’, la tenemos en el
calendario de Córdoba del siglo IX. Antes del primer texto escrito
en lo que se llamó ‘lengua castellana’, ya existían los diwanes
(poemas), entre los que podemos destacar el Kitab de Aben Busra o el
de Yais Aben Al-Jatib, así como las Jarchas de Aben Luyun o
Al-Motamid, rey de Sevilla.
Numerosas muestras han llegado a
nuestros días de la lengua romance hablada y escrita en Al-Andalus,
a través de jarchas, y diversos tratados de medicina, farmacopea,
botánica o geografía.
La lengua romance hablada en Andalucía
o ‘aljamía’, era representada con grafía árabe, gracias a la
arabización lingüística de Andalucía, encontrándonos numerosos
textos romance con grafía árabe en Monasterios del Norte, escritos
con toda seguridad por ‘notarios’ o ‘clérigos mozárabes’
–el término mozárabe, se refiere a los cristianos que viven en
tierras de Islam- provenientes de Andalucía. Estudiosos de
reconocido prestigio, como Gómez Moreno en ‘Iglesias Mozárabes’
y Menéndez Pidal en ‘Orígenes’ coinciden en señalar que en una
gran mayoría de textos latinos escritos por los monjes de los
Monasterios del Norte de la Península, aparecen inscripciones en
árabe, junto con una larga lista de palabras ‘arabizadas’ y
patronímicos árabes.
Estas afirmaciones de Gómez Moreno y
Menéndez Pidal, tenemos que situarlas en la historia de las
migraciones que se produjeron en la Península en los siglos VIII al
XII. En estos siglos, numerosos andaluces mozárabes, emigraron a los
reinos del Norte de la península, llevando con ellos todo el acerbo
cultural andalusí, plasmado en la construcción de Iglesias
mozárabes y en códices llamados Beatos. Con su cultura y sus formas
arquitectónicas andaluzas, también llevaron su lengua y su
escritura –romance andalusí, representada con caracteres
arábigos-, por lo que el aragonés primitivo tenía tanto parecido
con la lengua romance andaluza.
Por lo tanto, durante los siglos IX, X
y XI, en la zona donde según los ‘expertos’ surgió el
castellano, la lengua precursora de este, estaba plagada de palabras
aljamiadas, además de otras fuertemente arabizadas. Incluso, en el
primer texto conocido donde se nombra Castilla, fechado en el año
800, nos encontramos con palabras claramente aljamiadas. En los
primeros textos escritos completamente en Castellano, las ‘Glosas
Emilanenses’ –según el arabista Gómez Moreno- aparecen términos
aljamiados, junto a raspaduras que denotan haber borrado numerosas
anotaciones en árabe.
Otro de los ‘intelectuales’
españoles, experto en la materia que estamos tratando, Francisco
Javier Simonet, en ‘Glosario de voces Ibéricas y Latinas usadas
entre los mozárabes’, reconoce:
“…nosotros nos inclinamos a
creer que la Aljamía mozárabe, si bien contenía el germen de los
principales romances hispanolatinos hablados en nuestra península,
semejaba especialmente al antiguo castellano y contribuyó en gran
manera al enriquecimiento y fijación de nuestro idioma.
Ni este romance bajó de las montañas
del norte, ni su formación puede limitarse a las comarcas de donde
tomó el nombre, puesto que desde tiempo inmemorial le hallamos en el
reino de Aragón…El romance Castellano, debió formarse en aquellas
provincias en donde se habló en latín con más pureza…los pueblos
habitantes en montañas, de ánimo belicoso e indomable, no
recibieron la civilización y lengua latina con la facilidad que los
moradores de los territorios más llanos y accesibles al
conquistador…a nuestro entender, el romance, llamado después
Castellano, se formó simultáneamente en las Castillas, Aragón, la
Bética y una parte considerable de la Lusitania y de la
Tarraconense; es decir; en todas aquellas provincias donde mayor
influencia había ejercido la civilización del pueblo romano. A los
muchos vocablos de propiedad castellana ¿? que hemos notado allí
como usados en Andalucía bajo la dominación sarracénica, debemos
añadir una observación muy oportuna apuntada por el Sr. Fernández
Guerra en su mencionado discurso, donde se expresa así: ‘A los que
estudian con amoroso empeño y despreocupado juicio los orígenes de
la lengua y poesía castellana, importa hacerse cargo de un hecho
hasta ahora inadvertido. No logrando, como esperaba, Don Alfonso el
batallador (rey de Aragón) en su atrevida expedición a las comarcas
del Xenil (Genil), despedazar el insoportable yugo de los fanáticos
Almorávides y erigirse libertador de los mozárabes andaluces, a la
vuelta se tuvo que llevar consigo nada menos que diez mil familias
del territorio granadino, mozarábigas por supuesto, las más
comprometidas. Pues allí, en las márgenes del Ebro, donde aquella
gente vino a fundar nueva patria, resulta por observaciones de
aragoneses doctos, ser donde muy luego se hubo de hablar todavía el
más correcto lenguaje castellano".
Como podemos ver por los textos de los más insignes representantes de las letras castellanas, las primeras manifestaciones de lo que posteriormente se ha denominado castellano, se dieron en lugares de emigración de mozárabes andaluces, cuyos textos están llenos de palabras aljamiadas. La utilización de la grafía árabe en los primeros textos del llamado castellano, nos demuestra también la influencia andaluza en la formación de este idioma. La influencia no puede ser del castellano sobre el andaluz, por la aparición posterior de este y por la existencia de vocablos evidentemente andaluces en el castellano y no al contrario. Las teorías oficiales, están siendo cuestionadas por numerosos especialistas, pudiéndose afirmar, que el idioma castellano, es la asimilación por castilla de la lengua romance hablada en Andalucía.
Como podemos ver por los textos de los más insignes representantes de las letras castellanas, las primeras manifestaciones de lo que posteriormente se ha denominado castellano, se dieron en lugares de emigración de mozárabes andaluces, cuyos textos están llenos de palabras aljamiadas. La utilización de la grafía árabe en los primeros textos del llamado castellano, nos demuestra también la influencia andaluza en la formación de este idioma. La influencia no puede ser del castellano sobre el andaluz, por la aparición posterior de este y por la existencia de vocablos evidentemente andaluces en el castellano y no al contrario. Las teorías oficiales, están siendo cuestionadas por numerosos especialistas, pudiéndose afirmar, que el idioma castellano, es la asimilación por castilla de la lengua romance hablada en Andalucía.
El mismo proceso de ‘asimilación’
y cambio de autoría –los colonizadores no podían tener la lengua
de los colonizados- acaecido en Andalucía, se reproduce en Valencia.
Las potencias colonizadoras, Castilla por un lado y Aragón-Cataluña
por otro, se reparten el territorio peninsular, quedando Andalucía
bajo la influencia de Castilla, y Valencia bajo la influencia
Catalana. Dos pueblos bárbaros, Castilla y Aragón/Cataluña, chocan
frontalmente con dos pueblos de cultura refinada: Andalucía y
Valencia. En un choque cultural de dos contendientes tan desiguales,
siempre gana el que posee una cultura más rica, más práctica y más
avanzada, como lo eran las culturas arabizadas de la península
ibérica, Andalucía y Valencia. La victoria militar de los pueblos
del Norte, no supuso la imposición lingüística. Tras siglos de
luchas e intercambios culturales, los pueblos del Norte fueron
asimilando aspectos culturales de los pueblos del Sur, principalmente
la lengua popular, en la que se realizaban los intercambios
comerciales. Los intercambios migratorios entre las dos
civilizaciones, hicieron el trabajo de mensajeros de la lengua
aljamiada a los pueblos del Norte. Los cambios producidos por la
conquista fueron políticos, estéticos y religiosos. La prohibición
del árabe, no impidió el que se siguiera hablando la lengua romance
en Andalucía ni en Valencia. Se cambia la grafía árabe por la
latina, quedando asentado el uso del romance andalusí y valenciano.
Las lenguas romances andaluza y valenciana, eran usadas también por
los conquistadores, pues sus lenguas de origen no les permitían
denominar conceptos, objetos, tareas e ideas desconocidas por sus
culturas hasta el choque cultural con las civilizaciones del Sur.
La manipulación de la historia
–perdonadme por reiterar este concepto- ha hecho que los vencedores
se atribuyan el desarrollo de la lengua hablada en su territorio
después de la conquista, como justificación de la idea de nación,
pues no podrían justificarla con una lengua desarrollada por otro
pueblo, al mismo tiempo que justifican la unidad nacional y política
de todo el territorio conquistado.

El lema de la RAE es "Limpia, FIJA y da esplendor"
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