Los personajes más destacados de
Andalucía en el siglo XX, Federico García Lorca y BIas Infante,
corrieron la misma suerte, asesinados por aquellos descendientes
políticos de los Conquistadores Castellanos: un ejército que
garantizaba a las oligarquías castellanas la unidad del territorio
conquistado, y la Iglesia Católica, heredera de aquella Inquisición
cuya misión fue borrar cualquier vestigio de la historia y cultura
andaluza. Sesgaron sus vidas, pero nos dejaron su visión sobre
Andalucía y sus conquistadores:
«Yo creo que ser de Granada me
inclina a la comprensión simpática de los perseguidos, del gitano,
del negro, del judío, del morisco, que todos llevamos dentro».
En una entrevista, Federico dirá
refiriéndose a la expulsión de los andalusíes reducidos en las
Alpujarras, pero extendiendo su visión a todo al-Ándalus:
«Fue un momento malísimo, aunque
digan lo contrario en la escuela. Se perdieron una civilización
admirable, una poesía, una astronomía, una arquitectura y una
delicadeza única en el mundo, para dar paso a una ciudad pobre,
acobardada; a una tierra «de chavico» donde se agita actualmente la
peor burguesía de España».
Tiempo después el gran poeta andaluz
volverá a contamos:
El río Guadalquivir
va entre naranjos y olivos
los dos ríos de Granada bajan de la
nieve al trigo
iAy amor que se fue y no vino!
El río Guadalquivir tiene las
barbas granate.
Los dos ríos de Granada, uno llanto
y otro sangre.
En Bodas de Sangre. El cuadro de la
tragedia se desarrolla en un pueblecito andaluz que vibra como una
espada del Magreb. Todo es andaluz en la escena. Todo es universal y
siempre andaluz, nuestro sentido de la vida, el marco, la desgracia
telúrica, el ludismo, el placer, la pasión; todo, absolutamente
todo nuestro ensamblado joyel.
Ni a la Iglesia, ni a Castilla se
les puede olvidar que llegaron a nuestra Andalucía con las crines
del crimen.
Que la historia del Estado español
no tiene grandezas y sí maldiciones bíblicas. Bernarda Alba
proclama la falsedad y miseria de esta herencia y grita contra la
opresión cristiana-fascista que pesa sobre la mujer andaluza:
«Tantas son las lágrimas que el llanto nos ciega … »
Si Federico García Lorca reflejaba en
su obra el sentimiento del pueblo andaluz hacia los conquistadores
castellanos, sin titubeos y con firmeza, Blas Infante no deja duda de
esa identidad tan diferente del pueblo andaluz, basada en su pasado
andalusí en contraposición a la conquista Castellana:
La idea del sufrimiento y la expulsión
de los moriscos está también presente en sus primeros años, a
propósito de la guerra de Cuba «Cuando yo era niño, los
chiquillos … , precedidos por el lienzo amarillo y rojo íbamos a
despedir a los que partían a Cuba, al son de una melodía de aire
guerrero, que el maestro, en virtud de órdenes superiores, nos había
hecho aprender. Cantábamos que ‘aquel hermoso pabellón era el de
la nación sin par que en valentía y en hidalguía la primera fue,
que aquella bandera, victoriosa en Santa Fe, conquistó Granada’.
Mientras tanto, se ponía a los cubanos de ingratos … Pero ni la
bandera, que apenas contaba un siglo, había ondeado en Santa Fe, ni
nosotros, los hijos de aquel pueblo morisco, habíamos conquistado
Granada, sino al contrario, habíamos sido conquistados con ella …
» (Manusc. AAX).
«Tuvimos que fundamentar doblemente
a Andalucía: como Nación o Región, conforme el Principio de las
Nacionalidades; como sera genio (subr. Infante), término que
llegamos a emplear
entonces demostrando, mediante
revelaciones culturales de idéntica inspiración la existencia
continuada a través de milenios de un mismo Estilo (subr. Infante)
en Andalucía. Estilo tan diferente del resto peninsular, que bien
podrá aparecer cierto el dicho de Ganivet: Más bien hay en la
península dos naciones: una, al Norte, España; otra al Sur,
Andalucía».
La etapa de al-Ándalus fue de
libertad y brillo cultural. «Por entonces, Andalucía era libre: hoy
es esclava» (Tablada, p. 60).
La conquista cristiana fue
intolerante y uno de los orígenes del latifundio. «¡Las cruzadas!
El robo, el asesinato … presididos por la Cruz ( …) Empiezan a
quitarnos la tierra…distribuida en grandes porciones entre los
capitanes de las huestes conquistadoras … y los andaluces, que
tenían la tierra convertida en vergel, son condenados a esclavitud
de los señores … Fueron y son las enormes falanges de esclavos
jornaleros, de campesinos sin campos, campesinos expulsados»
(Tablada, pp. 7576, passim). «Pueblo conquistado, el pueblo
andaluz ( … ) bastante tenía con plañir ( … ) aquellos lamentos
que expresó con palabras de Abu-Beka, de Ronda, «llorando al ver
sus vergeles,/y al ver sus vegas lozanas/ ya marchitas, / y que afean
los infieles / con cruces y con campanas / sus mezquitas … »
(Orígenes, p. 47), « … el pueblo recién convertido por la
presión de la intolerancia iniciada por Isabel, sometido a una
persecución que culmina después del triunfo de Don Juan de Austria
y de las terribles depredaciones que hicieron decir a Mármol que los
soldados del Rey eran tropas de delincuentes» (Orígenes, p.
163).
«Se encienden las hogueras de la
Inquisición; millares de andaluces, moriscos y musulmanes, son
quemados en las salvajes piras ( … ) Los Austrias continúan la
obra de Isabel» (Tablada, p. 76). Así, «la tiranía eclesiástica
destruyó la cultura de Andalucía», declaraba Infante a Francisco
Lucientes en El Sol (M-11-VI-31, p. 80). El tenía razón: la
identidad de Andalucía nace aquí: «El fundamento de nuestra
característica voluntad de ser el fundamento más próximo de
Andalucía está en la Andalucía medieval ( … ) que la conquista
vino a interrumpir» (Manuscrito AAN-7).
Después de las palabras de estos
andaluces, solo nos queda guardar silencio … pensar y meditar sobre
lo que cada uno de nosotros está haciendo y sobre lo que debe hacer.
No podemos expresar lo mismo con palabras más bellas ni más
inteligentes, pero nuestras obras pueden hablar por nosotros.

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