La búsqueda de la verdad, es un camino
largo, lleno de obstáculos y de trampas, puestas por aquellos que
quieren hacer prevalecer sus prejuicios sobre la realidad de las
cosas.
Allá por los años setenta del pasado
siglo, un grupo de andaluces, encabezados por Abderrahman Medina,
comienzan a escarbar en la historia de Andalucía, sobre las líneas
maestras que nos dejara nuestro querido Blas Infante, encontrándose
con una historia fascinante, por lo diferente con la que nos habían
contado en las escuelas, que venía a confirmar lo que tantos
andaluces intuíamos: las mentiras de la historiografía oficial para
dar cobertura a intereses de índole política, cultural y religiosa,
que nada tienen que ver con los intereses de los andaluces ni con la
verdad de nuestra historia. Para ello fue importante el
descubrimiento de un libro que permanecía secuestrado por la
editorial que lo publicó en castellano, pero que nos llegó en su
edición francesa. Me estoy refiriendo al libro de Ignacio Olague "La
revolución Islámica en Occidente", libro que nos abre las
puertas del abismo existente entre la realidad de una historia
andaluza genuina y las mentiras de siglos contadas por nuestros
colonizadores.
Sobre la base de los argumentos de
Olague de la no invasión árabe de la península y de la entrada del
Islam en Andalucía por la aceptación de esta idea-fuerza, en
contraposición con el cristianismo Trinitario impuesto por la
dinastía visigoda, en conflicto con el Sur de mayoría
unitario-arriano, se ha configurado una historia de Andalucía más
cercana a la realidad de los hechos acaecidos en la península
Ibérica en el siglo VIII, y con una base científica y lógica mucho
más fuerte.
Esta visión de la historia argumentada
excepcionalmente por Olague, nos ayudaría a comprender a un hombre
que basó su interpretación histórica en su extraordinaria
intuición: Blas Infante.
Las intuiciones de Infante quedaron
demostradas por Olague. Ya no era Infante un soñador que idealizaba
Al-Andalus, sino el precursor de unas teorías que han cambiado la
historia de Andalucía. Olague nos ayuda a comprender a Infante y a
su visión Orientalista de Al-Andalus.
La difusión de esta obra de Olague y
los escritos, estudios, conferencias y publicaciones de Abderraham
Medina, tildados de ‘tonterias’ y de ‘locuras’ en un
principio, por parte de las instituciones y de los representantes de
la ‘oficialidad’, además de por esos partidos políticos
denominados ‘nacionalistas andaluces’, compuestos en su cúpula
por representantes de la burguesía sevillana, y que no querían oír
hablar de una Andalucía ‘mora’, consiguen, tras más de treinta
largos años, que estas teorías sean admitidas por la mayoría de
los estudiosos del tema, e incluso por los partidos políticos de
corte ‘nacionalista’, llegándose el caso, a ser teorías-dogmas
para los que se autoconsideran como la ‘vanguardia intelectual’
del nacionalismo andaluz, aunque ya veremos como estos mismos
‘intelectuales del andalucismo’ urden la trampa para invertir
esta situación.
Tas admitir las teorías de Olague (por
influencia de los grupos más activos del nacionalismo andaluz,
inspirados por Abderrahman Medina), intentan darle la vuelta a la
tortilla mediante la elaboración rocambolesca de las teorías
lingüísticas defendidas por estos individuos que pretenden hacernos
tragar con ‘ruedas de molino’ de una Andalucía de influencia e
inspiración ‘romana’, acorde con lo que consideran más
conveniente para un ‘nacionalismo andaluz’ de imitación
‘catalan’ y de corte ‘Occidental’, frente a ese nacionalismo
de Blas Infante, genuino, propio del carácter y la cultura andaluza,
y de un marcado carácter ‘Oriental’, tal y como lo podemos
comprobar en toda la obra de Infante.
Para que estos objetivos lleguen a buen
fin, necesitan quitarle al andaluz la influencia del idioma ‘arabe’,
provocando un salto en el tiempo desde el Imperio romano hasta la
conquista Castellana. Nuevamente nos niegan la historia, aunque esta
vez en el campo cultural y linguistico, negando la influencia del
idioma árabe en el idioma hablado actualmente en Andalucía. Lo que
hablamos en Andalucía hoy es la evolución del idioma que hablaban
la mayoría de los habitantes de Al-Andalus, es decir, el latín. ¡Ya
empezamos con la lata del latín!, para justificar un ‘nacionalismo
andaluz’ de corte Occidental, a imagen y semejanza de las modas
impuestas por los avatares políticos.
Estas ideas del andaluz latinizado, se
basan en dos mitos fundamentalmente: en el mito de que en la
Andalucía romana todo el mundo hablaba el latín y en el segundo
mito, el de que en Al-Andalus hablaban el árabe solamente las clases
dirigentes, hablando el resto latín, que se mantuvo tras la caída
del Imperio Romano y de la administración Visigoda.
En el caso del latín, está
suficientemente documentado por las fuentes romanas, la poca
latinización de la población hasta el último periodo de la
colonización romana en el que para ser considerado ciudadano de
Roma, era necesario demostrar hablar latín. Las ciudades,
consiguieron latinizarse, quedando las zonas rurales al margen de
este proceso y manteniendo sus idiomas prerrománicos, posiblemente
de origen bereber como lo demuestra la toponimia de muchos de
nuestros pueblos, concretamente y como ejemplo, podemos citar a
cantidad de pueblos alpujarreños. Este idioma de origen bereber, con
la incorporación de vocablos latinos, es el idioma hablado por una
gran parte de la población, sobre todo en las zonas rurales.
Crónicas de la época, concretamente las aparecidas en un libro del
filósofo cordobés Virgilio, nos demuestran la poca penetración del
latín en Andalucía. Había dos formas de hablar latín: una
‘latinun circa romançum’, o latín romanceado, que entendía la
mayoría de la población, y el ‘latinum obscurum’, hablado
exclusivamente por clérigos y por la administración romana.
A partir del siglo VIII, el eje de la
política y la economía de la zona Mediterránea gira hacia Oriente,
donde la revolución islámica estaba desarrollando nuevas formas de
civilización, imponiendo sus ideas-fuerzas ante el decaído Imperio
Romano. Andalucía mira hacia Oriente, iniciando el proceso de
arabización, que posteriormente daría lugar a la islamización.
Andalucía habla árabe. El comercio, la tecnología, las modas,
vienen de Oriente, y los nuevos tiempos son aceptados rápidamente
por cristianos, musulmanes y judíos, que hablan y escriben en la
lengua del Qorán. Con la islamización, también llega la
alfabetización de la mayor parte de la población. Para los que no
conozcan el Islam, les comento la gran importancia que los musulmanes
conceden a la alfabetización, con el objeto de que todo musulmán
pueda leer e interpretar el Qorán. En tiempos del profeta Muhammad,
cuando un enemigo caía prisionero, podía ser liberado si enseñaba
a leer y a escribir a diez musulmanes. Desde el inicio del Islam,
podemos ver la importancia que se le concedía a la alfabetización
de la población, por lo que es impensable que una sociedad de
mayoría musulmana como la andalusí no hablara mayoritariamente el
árabe.
Si la mayoría de la población no
conocía el árabe, sería imposible dar la cantidad tan
impresionante de sabios en todas las ramas de la ciencia y del
pensamiento que dio Al-Andalus y que escribían en lengua árabe.
La mayoría de documentos cristianos y
judíos de la época, también están escritos en árabe, lo que
demuestra lo extendido de este idioma entre la población,
independientemente del credo religioso. La teoría de la poca
arabización de Andalucía, no es más que el burdo intento de restar
importancia a la influencia andalusí e islámica en la cultura
andaluza actual para favorecer la idea de la Andalucía romana.
Nuevamente, los prejuicios y la
islamofobia de algunos de los que se denominan ‘nacionalistas
andaluces’ salen a la luz, renegando de un pasado que no está
muerto, que tal como dijo Blas Infante, corre como río subterráneo,
esperando un momento de libertad para salir a la luz. Lo queramos o
no, nuestra cultura y nuestra forma de hablar está determinada por
ocho siglos de habla y escritura arábiga y por milenios de lenguas
semíticas como el tartesico y el bereber, que han configurado en la
población unos usos fonéticos mantenidos durante milenios y
aplicados a cualquier idioma hablado en Andalucía, incluido lo que
denominamos ‘español’.
La adaptación al árabe de la
población andalusí, no debió ser traumática, por el sustrato
idiomático semita de sus lenguas tradicionales prerrománicas.
Con el paso del tiempo y la progresiva
arabización de Andalucía, el latín se debió de ir perdiendo, tal
y como nos comenta el profesor Federico Corrientes, cuando nos habla
de los idiomas utilizados en Al-Andalus: el árabe y el denominado
‘romance andalusí’, dialecto del árabe con la incorporación de
vocablos latinos y prerrománicos.
Si en tiempos de la colonización
romana de Andalucía, la mayoría de la población no hablaba latín,
tal y como nos comenta Virgilio, sino el denominado ‘latinun circa
romançum’, muy diferente del latín, lengua que no comprendía la
casi totalidad de la población andaluza, ¿Cómo es posible que
después de perderse el latín como ‘lengua de poder’ y después
de ocho siglos de lengua arábiga, se siguiera hablando latín o un
dialecto del mismo en Andalucía?.
Si el idioma español tiene una gran
cantidad de palabras prestadas del árabe, ¿Cuántos vocablos árabes
tendría la lengua romance andalusí? La gran cantidad de vocablos
árabes en el romance andalusí, nos hace pensar y darle la razón al
profesor Federico Corrientes en el sentido del origen árabe del
dialecto andaluz y no latino, aunque algunas palabras del mismo
permanecieran en los usos corrientes.
Cuando los defensores de la
latinización del andaluz, nos proponen recuperar los vocablos
‘andaluces’ insertos en el idioma andaluz, nos dan una lista de
palabras, que para sorpresa del personal, son todas procedentes del
árabe.
El subconsciente les traiciona, dando
por andaluzas todas las palabras árabes insertas en el idioma
español.¿No han encontrado ninguna palabra latina-andaluza en el
idioma español? ¡Qué casualidad!.
Blas Infante, hablaba de la importancia
de la lengua árabe para conocer la historia andaluza:
Tan encerrada quedó esa cultura, tanto
odio y tanto desprecio impotente se llegó a arrojar sobre su memoria
que ¡cuánto trabajo nos ha costado a los investigadores empezar a
imponer a los científicos de Europa verdades que con el instrumento
del árabe se encuentran casi a flor de tierra!.
Prueba de la importancia que le
concedía a esta lengua, como instrumento para recuperar nuestra
cultura y como medio de comunicación con los andaluces de la
diáspora andalusí, es su labor docente en los Reales Alcázares de
Sevilla, en los que impartía clases de árabe con gran éxito, por
ser un gran conocedor de este idioma, además de publicar una revista
en español y árabe.
Para Blas Infante, el lenguaje andaluz,
no puede ser expresado en grafía latina, por tener sonidos que no
pueden ser representados de esta forma, al no ser la fonética
andaluza de influencia latina, sino semítica. Por ello, Blas Infante
recurría a la grafía árabe para expresar los fonemas andaluces:
El lenguaje andaluz tiene sonidos los
cuales no pueden ser expresados en letras castellanas. Al alifato
(alfabeto árabe), mejor que al español, hay necesidad de acudir
para poder encontrar una más exacta representación gráfica de
aquellos sonidos. Sus signos representativos hubieron los árabes de
llevárselos con su alfabeto, dejándolos sin otros equivalentes en
el alfabeto español. Tal vez hoy alguien se ocupa en la tarea de
reconstruir un alfabeto andaluz.
Blas Infante, cuando escribe en
‘andaluz’, pocas veces lo hace con grafía latina. Utilizaba
grafía árabe para escribir en andaluz, como lo demuestran muchos de
sus ‘inéditos’ y el ‘documento’ que más fielmente recoge
todo su pensamiento y su sentir: su casa de Coria del Río:
Dar-al-Farah, como él le llamaba en lengua árabe. Sus paredes
recogen su pensamiento sobre la forma de escribir en andaluz: con
grafía árabe, o lo que llamamos ‘aljamiado’.
Alí Manzano

Interesante reflexión. Sólo un apunte: el bereber no es lengua semítica ni tiene nada que ver con el árabe.
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