Por Alí Manzano
El 2 de enero, el Estado español vuelve a celebrar la conquista de Granada por las tropas castellano-aragonesas. Se celebra la conquista de Al-Andalus y el final de una civilización que fue el faro de oriente y occidente durante varios siglos. Se celebra la derrota de una cosmovisión integradora de culturas y pueblos para sustituirla por una civilización, la occidental de origen greco-romano, que trajo en su seno la intransigencia del analfabeto, las imposiciones del necio y la represión del asesino.
Una fiesta que es considerada cuestión de Estado porque representa la esencia de lo que ha sido “España” y lo que sigue siendo. La lucha contra el “moro”, contra el Islam andalusí unió a los reinos cristianos del norte peninsular con el apoyo de los reinos europeos y el Vaticano, en una guerra de cruzada que no ha finalizado y que continúa en las manifestaciones racistas y xenófobas de gran parte del arco político español, contando con el silencio cómplice del resto. Una guerra económica e ideológica que ha expandido el colonialismo y el imperialismo por todo el mundo, especialmente por el mundo islámico que lleva sufriendo el colonialismo occidental desde la finalización de la I Guerra Mundial. La participación del Estado español en las guerras de la OTAN lo han posicionado en el bando de los arrogantes y una vez más contra el mundo islámico.
Con la conquista se despojó a un pueblo, el andalusí, el felah-mencu, el andaluz, no solo de su tierra, sino también de su lengua, el árabe, una lengua que no pudieron enterrar porque su presencia quedó en las piedras de los monumentos emblemáticos de un pasado de esplendor donde Andalucía era soberana. Se despojó al pueblo andaluz de su pasado, de su espiritualidad, se les convirtió en campesinos sin tierra, en felag-mencu, en bandoleros, monfies, proletarios y toda clase de personas empobrecidas y oprimidas. Se les expulsó de su tierra por no ser “buenos cristianos”, pero volvieron una y otra vez … hasta que perdieron la memoria, se sometieron y fueron asimilados a los dogmas establecidos por los conquistadores, convirtiéndose en fervientes católicos y en españoles “de toda la vida”, llegando a renegar y a combatir la propia esencia de su pasado, la historia de sus mayores y el recuerdo de otra época donde Andalucía hablaba en árabe y miraba hacia Oriente.
El expolio de las riquezas andaluzas, la esclavitud de su pueblo y la represión se justificaron en la ideología nacional-católica que impregnó la conquista, con la Iglesia Católica al frente de la misma y de la represión posterior. “Los andaluces ya no volverán a reclinar la frente sobre la piedra” como se lamentaba Blas Infante ante la derrota del Islam andalusí y la imposición del catolicismo.
La resistencia del pueblo andaluz a la acción conquistadora de Castilla y a la asimilación al “españolismo” duró de forma heroica hasta la llegada del franquismo y el genocidio perpetrado contra el pueblo andaluz por el asesino y General español Queipo de Llano, enterrado con todos los honores en la basílica sevillana de La Macarena, construida tras la victoria fascista en el solar que ocupó la taberna Casa Cornelio, lugar de encuentro de anarquistas y comunistas y que fue bombardeada con piezas de artillería por el gobierno de la II República en represión por las huelgas que paralizaron Sevilla.
El genocidio al que fue sometido el pueblo andaluz no terminó con la supuesta “expulsión” de los moriscos, ni con la represión tras las numerosas sublevaciones en la Alpujarra y otras comarcas andaluzas que concluyeron tras el asesinato de Aben Humeya en el año 1569.
El genocidio ininterrumpido continuó tras el intento de independencia del Duque de Medina Sidonia y Tahir al Horr en el año 1641, o la represión del General Pavía durante la I República española cuando el Presidente Nicolás Salmerón manda un ejército de miles de soldados para sofocar a las fuerzas que reunidas en Despeñaperros proclamaron la Independencia de Andalucía. Tras la caída de los cantones andaluces, las muertes se contaban por miles, no permitiendo ni siquiera contar el número de víctimas.
El golpe fascista del 36 se cebó especialmente en Andalucía, sometiendo al pueblo andaluz a una limpieza ideológica mediante el asesinato de la población civil que no se manifestaba a favor de los golpistas: anarquistas, comunistas, nacionalistas, homosexuales, maestros.. todavía, HOY, continúan enterrados en fosas comunes en muchas de las carreteras y caminos andaluces, contándose por miles, así como los que tuvieron que emigrar para escapar de la represión.
En Andalucía como en Palestina, los asesinos se cebaron contra la población civil, como el caso de la huida de Málaga tras las amenazas del asesino Queipo de Llano. La huida por la carretera de la costa hasta Almería se vio violentada por bombardeos desde tierra, mar y aire, causando la muerte de más de un millar de personas, mujeres y niños en su mayoría
Los casos de Federico García Lorca y de Blas Infante, cuyos restos humanos aún permanecen en las fosas comunes donde fueron depositados tras sus asesinatos, son dos muestras más de la barbaridad del genocidio cometido.
Y aún más cercano en el tiempo, tenemos que recordar a aquellos andaluces que tras la muerte del Dictador fueron asesinados por su lucha por una Andalucía libre, soberana y realmente democrática, como los casos de Javier Verdejo y García Caparrós.
Desde el 2 de enero de 1492 hasta hoy, solo la represión, el asesinato y el genocidio han conseguido mantener a Andalucía en una España que no es otra cosa que un espacio de acumulación de capital al servicio de las oligarquías del Estado español y de sus amos europeos y norteamericanos.
En los años anteriores, cada 2 de enero, un grupo de andaluces hemos estado en la Plaza del Carmen de Granada protestando contra los actos de celebración del genocidio del 1492, dando la cara en una plaza tomada por las fuerzas militares y policiales del Estado, en comunión con el fascismo organizado y consentido, haciéndoles ver que hay una Andalucía digna, a la que no van a doblegar y que van a necesitar un nuevo genocidio para continuar el expolio de nuestra tierra y nuestro pueblo.
Este año, debido a la falta de apoyos, no vamos a estar en la Plaza del Carmen. Nuevas formas organizativas y de protesta hemos de implementar para continuar la batalla contra esta celebración y lo que representa: la continuidad de la opresión, del expolio, del sometimiento del pueblo andaluz a los intereses de las élites capitalistas y de sus instituciones. Se celebra no solo la conquista de Andalucía por Castilla y el genocidio posterior para controlar el territorio, sino también, los principios ideológicos que posibilitan la continuidad de la conquista: unidad territorial, política, religiosa, lingüística y cultural, dentro de una economía de mercado que garantiza los privilegios de las élites y el atraso económico de Andalucía.
Los tiempos están cambiando y en todo el mundo los pueblos se están organizando para luchar contra la hegemonía del capital occidental. En los últimos años hemos asistido a guerras destructivas del Imperio contra Irak, Afganistán, Siria, Libia, Yemen, Palestina, etc. La destrucción de estos pueblos ha permitido al bloque occidental seguir manteniendo la hegemonía económica y militar, aunque esto está cambiando tras la operación militar rusa en Ucrania con la derrota definitiva de la OTAN y la nulidad de las sanciones económicas contra Rusia.
Esta derrota del Imperialismo en Ucrania ha posibilitado que otros pueblos vislumbren posibilidades de victoria frente al imperialismo de EE.UU y sus lacayos occidentales, como es el caso de Palestina, que está sufriendo un genocidio sin precedentes en la historia moderna y que lo estamos viendo en directo, lo que nos hace compartir aún más el dolor de todo un pueblo que se ha decidido por recuperar su libertad y su tierra a sabiendas de que el precio a pagar es terriblemente alto: más de 20,000 personas asesinadas, casi la mitad niños. Edificios, infraestructuras, viviendas destruidas con el objetivo de hacer inviable la vida en Gaza.
A los tradicionales lazos históricos entre Palestina y Andalucía, hay que sumarles la comprensión de quienes han sufrido en sus carnes el genocidio de una potencia ocupante: Israel en Palestina, el Estado español en Andalucía. Hoy todos somos palestinos porque en Palestina se está jugando el futuro de la humanidad y las posibilidades de una Andalucía Libre pasan por la victoria del pueblo palestino.
Por Andalucía, por Palestina y por la humanidad: trabajemos, luchemos por el fin de los genocidios, por la libertad de los pueblos y por el fin de la opresión.
Viva Palestina Libre desde el río hasta el mar.
Viva Andalucía Libre.

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