Esta frase, se convitió en el lema de
los príncipes nasries de Granada, encontrándose varias miles de
veces en la decoración de la Alhambra de Granada. Corría el siglo
XIII cuando al Imperio Almohade se le escapaba el poder muy
rápidamente.
En Marruecos eran desbancados por otra
tribu bereber, los meriníes, mientras que en Al-Andalus se
desmembraría en numerosos reinos de Taifas que uno tras otro irian
cayendo en manos de los ejércitos cristianos. En el año 1236,
Córdoba, capital del Califato, sucumbía definitivamente ante los
reinos cristianos,
En Marruecos eran desbancados por otra
tribu bereber, los meriníes, mientras que en Al-Andalus se
desmembraría en numerosos reinos de Taifas que uno tras otro irian
cayendo en manos de los ejércitos cristianos. En el año 1236,
Córdoba, capital del Califato, sucumbía definitivamente ante los
reinos cristianos,
Ante el empuje de Castilla por el
Norte, Aragón por el Oriente y Portugal por el Poniente, el reino
Andalusí de Granada solo pudo sobrevivir casi dos siglos y medio
desde la caída de Córdoba, convirtiéndose en Estado vasallo de
Castilla. A partir de entonces, Granada pagaría tributo a Castilla
además de prestar ayuda militar para la conquista del resto de
Taifas Andalusies. En este contexto, en el año 1248 se rendía
Sevilla, -último bastión Andalusí independiente- a los castellanos
con el apoyo de Ibn Ahmar, príncipe nasrí de Granada. Al regreso a
Granada, Ibn Ahmar fué recibido por el pueblo de Granada como
vencedor de la guerra fraticida contra sus hermanos de Sevilla al
grito de ¡vencedor, vencedor!. Para Ibn Ahmar no había sido una
victoria, pués sabía que el final de Al-Andalus estaba más cerca.
El largo camino de vuelta a Granada, le había hecho meditar sobre
las consecuencias de la victoria sobre sus hermanos sevillanos, por
lo que a los gritos de victoria de los granadinos respondió con la
frase “wa la galiba illa-llah” (solo Allah es vencedor), en clara
alusión a la visión de derrota tras el análisis de conjunto de la
situación de Al-Andalus tras la caida del reino de Sevilla.
Ibn Ahmar sabía que la guerra no había
terminado y que la misma no era por la posesión de tierras y
riquezas, sino por la destrucción de una cultura y una civilización
diferente a la de los pueblos del Norte. La guerra no era contra un
Estado ni contra un reino. Era un concepto mucho más amplio que
podríamos denominar “guerra al moro”, al andaluz de entonces, al
diferente… La desesperación de Ibn Ahmar le llevó a decorar todos
los rincones de la Alhambra con esta frase de recuerdo “wa la
galiba illa-llah”, el recuerdo y el arrepentimiento de una guerra
contra el hermano que terminaría con una civilización, una cultura
y una forma de entender la espiritualidad. Aunque tarde, Ibn Ahmar
comprendió el error y lo reflejó en las paredes de la Alhambra para
recuerdo de las generaciones venideras.
En los años 70 y 80, algunos grupos
nacionalistas andaluces, tomarían esta frase “wa la galiba
illa-llah” como lema en significación de unidad e independencia de
los pueblos andaluces frente a la colonización y explotación
exterior, retomando el lema de la última dinastía andalusí.

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