El asesinato de Javier Verdejo en
Almería hace hoy 37 años no fue una casualidad ni una fatalidad
cualquiera. Podría haber sido otro joven andaluz, podría haber sido
en otra ciudad andaluza, pero de igual manera habría sido. Y habria
sido, al igual que fue el asesinato en Málaga de García Caparros,
por la decisión del Estado español de no conceder la más mínima
oportunidad a la izquierda rupturista. Decidieron intimidar,
amedrentar, asustar...a todo aquel que se opusiera al proyecto
continuista diseñado en Washintong e implementado por el franquismo
con la complicidad de la socialdemocracia que irrumpía en la
política del Estado con los bolsillos llenos de marcos alemanes.
La continudad franquista estaba en
juego; huelgas sindicales, revueltas callejeras, reivindicaciones
nacionales de los pueblos sometidos al Estado español,
manifestaciones estudiantiles; la respuesta a todas estas
manifestaciones de la voluntad popular fue la represión brutal y sin
límites.
En Euskalerria se torturaba a la
disidencia bajo la excusa de ETA, se asesinaba a través de
organizaciones paramilitares organizadas y financiadas desde el
Ministerio del Interior: Batallón Vasco-español, GAL, etc. En
Catalunya se organizaban atentados de bandera falsa como el cometido
en la discoteca Scala, cuya autoría se atribuyó a la CNT,
justificando la posterior represión policial al Sindicato
anarquista. En Madrid el asesinato de los abogados laboralistas de
Atocha, y en Andalucía el “Caso Almería”, los asesinatos de
Javier Verdejo y García Caparrós, unidos a escarcelamienteos,
presiones policiales, criminalización mediática, manipulación
informativa y otras diversas formas de represión con el objeto de
parar el avance de la izquierda rupturista que tenìa la voluntad de
terminar de forma real con cuarenta años de Dictadura franquista y
la organiación del Estado en base a otros criterios políticos y
económicos.
La represión y casi exterminio de las
organizaciones de la izquierda rupturista, unido al colaboracionismo
de la “izquierda” formada en la socialdemocracia alemana y
financiada desde Europa para consolidar el proyecto europeo de libre
mercado y el proyecto de supremacía militar a través de la Alianza
Atlántica (OTAN), posibilitaron la continuidad del franquismo bajo
la fórmula de “Monarquía parlamentaria”, siendo el Rey impuesto
por el Dictador, el nexo de unión entre el franquismo más rancio y
más reaccionario y los nuevos “visionarios” de una democracia
certificada y avalada por Europa, que a expensas de repartir el poder
político dentro del marco establecido por los intereses económicos
de la oligarquía española y europea y los intreses militares de la
Alianza Atlántica, mantenía el poder económico, el judicial y el
mediático en manos del franquismo tradicional convertido ya en
“democrático” por la gracia de la socialdemocracia de González
y el eurocomunismo de Carrillo que dieron patente democrática a las
formaciones políticas procedentes del franquismo.
La continuidad franquista en la fórmula
de “Democracia parlamentaria” se hizo con la sangre de andaluces
como Javier Verdejo y García Caparros.
La fórmula de poder basada en la
eliminación física de la disidencia política, de la insumisión
social, no fue inventada por el franquismo. Sus antecesores políticos
ya la emplearon desde la configuración del Estado español tras la
Conquista de Andalucìa. Moriscos, Monfis, Bandoleros, Anarquistas,
Sindicalistas, Federalistas, Independentistas, Cantonalistas,
Andalucistas...sufrieron la represión de un Estado que solo ha
podido sobrevivir por la fuerza de las armas y la brutalidad de la
represión.
37 años después del asesinato de
Javier Verdejo el Estado español vuelve a mostrar su cara más
criminal, vuelve a utilizar el poder del Estado para reprimir,
amedrentar, atenazar los intentos de los pueblos por recuperar la
soberanía perdida, los derechos robados, la dignidad arrebatada.
Las víctimas de hoy no tienen la
aureola de los caidos en la lucha, no se conmemoran sus muertes, no
se realizan actos públicos reivindicando su lucha ni sus nombres
aparecerán en los libros de historia o de efemérides. Las víctimas
de hoy son anónimas; sus asesinatos no han sido producidos por el
disparo de un criminal a sueldo del Estado, sino por la desesperación
inducida por un sistema econòmico criminal, inmoral e injusto.
Por todo ello, hoy quiero recordar a
todos los andaluces anónimos que han caido por las políticas
económicas y sociales de un Estado inhumano que solo sirve a los
intereses de las élites económicas del capitalismo transnacional. A
los “suicidados” por los desahucios, a los fallecidos en las
“pateras de la muerte” en la huida de la opresión y la miseria a
la que son condenados por la avaricia de las empresas occidentales y
los tiranos locales; a los fallecidos por falta de atención
sanitaria, y a todos los andaluces y andaluzas que sufren las
políticas del capitalismo más inhumano que ha existido desde el
colonialismo esclavista.
Hoy, al igual que hace 37 años hay
andaludes que mantienen la lucha por la soberanía nacional y social
de Andalucía, por una Andalucía Libre, sin excluidos y sin
explotados. Las luchas del SAT son un ejemplo de la dignidad obrera
andaluza a pesar de la represión que desde el Estado y sus
instituciones se ejerce para ahogar cualquier disidencia que busque
la construcción de una sociedad donde no tengan cabida los
explotadores y sus lacayos.
Más de 600 encausados, más de 500.000
euros en multas y más de 70 años de cárcel solicitados para los
activistas del SAT.
Hoy al igual que hace 37 años la
represión continua y va en aumento a medida que las protestas
sociales aumentan. Por ello, el recuerdo de los mártires andaluces
nos debe dar la guía para afrontar los futuros retos que la sociedad
surgida de la crisis capitalista nos impone.
VIVA ANDALUCÍA LIBRE
PAN, TRABAJO Y LIBERTAD

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