En los años 70 del pasado siglo
resurge en Andalucía la idea de la Independencia como necesidad
social y política para superar el largo período de represión
franquista y de siglos de miserias y explotación, recogiendo el
testigo de Blas Infante y de las luchas sociales y revolucionarias de
la primera mitad del S.XX.
En los años 80 se empiezan a
configurar organizaciones políticas que recogen esa idea de
Independencia y Socialismo que germinaba en los años 70, mediante la
construcción de herramientas que aglutinaran a todas las
organizaciones que hicieron propias esos ideales de una Andalucía
Libre a través de la lucha de clases y de la organización del
pueblo andaluz en torno a una ideología que empezaba vislumbrarse.
Entre estas organizaciones que
comienzan su andadura política en esta década, estaba la CUT, que
se desmarca del proceso de creación de un partido declaradamente
independentista, para integrarse en IU. Era Marzo de 1989, y la CUT
se decide por una política de integración en el sistema a través
de su inclusión en IU que le posibilitara la creación de una
estructura política consolidada a través de una dirección
“profesionalizada” en cargos institucionales, renunciando a la
vía “rupturista” que planteaban el resto de organizaciones.
Durante esos años la CUT fue un socio “fiable” de IU y sus
dirigentes se sumaban a la estética progre de IU y del PC, siendo
los abanderados del “Republicanismo español” en Andalucía.
A pesar de la renuncia de la CUT, en
Diciembre de 1990 se celebra la Asamblea Constituyente de la
organización política NACIÓN ANDALUZA, en Marbella, como resultado
de la confluencia de distintos grupos que representaban la práctica
totalidad de las provincias andaluzas.
En septiembre de 2007 se crea el SAT
(Sindicato Andaluz de Trabajadores), a partir del SOC y de la CUT, y
en el que se integran diversas organizaciones independentistas, entre
ellas NACIÓN ANDALUZA.
La apertura del SOC a colectivos
nacionalistas con su reconversión en SAT, le proporciona la
expansión territorial que anteriormente se limitaba a parte de la
provincia de Sevilla. Se aprovechan de la izquierda independentista
para su expansión, pero controlando la organización, a través de
un liderazgo férreo y casi mesiánico de Cañamero y de las purgas
de la disidencia, con la anuencia de algunos líderes
“independentistas” que miraban hacia otro lado a cambio de algún
cargo y del acceso al protagonismo mediático que algunos buscaban.
En el año 2014 surge el “caso
Almería”, cuando la dirección del sindicato en esta ciudad,
compuesta por miembros de NA entre otros, denuncia ante la dirección
nacional del sindicato las prácticas corruptas de la anterior
dirección provincial, sufriendo las tácticas dilatorias de la
dirección nacional, hasta que esta, por motivos económicos, apoya a
la anterior dirección provincial, lo que provoca una auditoría
justificativa de las denuncias efectuadas y la expulsión de la
dirección provincial de Almería.
Fagocitación
Si analizamos la
evolución de las organizaciones independentistas en ese periodo, nos
llama la atención la pérdida de fuerza, la disminución de
militantes, el descenso de asambleas, el declive de la presencia
pública en la política nacional o local, supeditadas siempre a las
acciones llevadas a cabo por el SAT, al final de la comitiva, como
cola “crítica” en el mejor de los casos y con nula presencia
mediática que es acaparada perennemente por Cañamero y su
“burocracia”.
Esta participación
de la izquierda independentista en todos los actos del SAT, unida a
la ausencia de políticas y estrategias propias ha favorecido que el
SAT se hiciera con el espacio político de la izquierda
independentista, agravando la situación de ésta y abocándola a la
extinción o a un cambio radical en las estrategias seguidas hasta el
momento.
La ausencia de un
análisis serio y riguroso en la izquierda independentista, la está
conduciendo a repetir los mismos errores una y otra vez, sin ser
conscientes del origen de su ocaso, buscando su salvación a través
del SAT, mediante la captación de militantes y la influencia en esta
organización, con una ingenuidad impropia de organizaciones
políticas serias, porque desde el 2007 hasta hoy, casi diez años
después, la izquierda independentista sigue sin sacar provecho de su
relación con el SAT, pierde poder, presencia social, influencia
política en favor de una organización que se ha apropiado de su
espacio político y de su simbología, para unos fines muy diferentes
de los que la izquierda independentista dice defender.
La Izquierda independentista en
Podemos
Como hemos visto,
en las años 80 cuando se fraguaba la organización de los
independentistas andaluces, la CUT, brazo político del SAT, rechaza
su integración en la izquierda independentista andaluza para
integrarse en Izquierda Unida, organización españolista, reformista
y republicana española, muy alejada de los planteamientos
independentistas andaluces. En la dicotomía planteada entre ruptura
o reforma, la CUT de Cañamero y Gordillo se decide por la reforma y
los privilegios que integrarse en el sistema conlleva, aunque sin
cerrar la puerta a la izquierda independentista, utilizándola como
amenaza a IU para conseguir puestos de salida en las listas
electorales de las diferentes convocatorias. De esta forma, y con las
subvenciones que desde la comunidad europea llegan al SAT, se va
constituyendo una burocracia profesionalizada que dirige el SAT y CUT
de forma endogámica, con carencia de democracia interna y un sistema
de control basado en la idealización de los líderes y sustentado
sobre los privilegios económicos de su burocracia.
Tras la irrupción
de Podemos en el espectro político del Estado español y en
Andalucía, la más que previsible debacle de IU, ponía en peligro
los privilegios de la “burocracia profesionalizada”, por lo que
la salida de IU para buscar nuevos horizontes, solo era cuestión de
tiempo.
La negociación y
entrada en Podemos les lleva a conseguir dos diputadas autonómicas,
algunos concejales y varios asesores en Diputación de Sevilla y
Junta de Andalucía, con lo que los intereses económicos de la
burocracia estaban a salvo.
Pero a Podemos no
solo se llevaron a sus liberados y a sus seguidores; se llevaron
también la simbología independentista y la influencia en ese
espacio político. Esa posición de control en la izquierda
independentista les suponía unos miles de votos como bien sabía
Podemos, sirviendo a esta organización para darle un carácter más
andaluz ante el rechazo que en ciertos sectores de la izquierda
andaluza provocaba Iglesias y sus progresivas rebajas electorales.
Diez años después
de la entrada de la izquierda independentista en el SAT, el resultado
ha sido favorecer los intereses económicos de la burocracia del
SAT-CUT, favorecer los intereses políticos y mediáticos de sus
líderes, y favorecer electoralmente a Podemos.
¿Hay alternativas?
Si la
izquierda independentista andaluza quiere tener la posibilidad de
construir la República Andaluza, se tiene que desmarcar del camino
seguido por el SAT-CUT, porque nunca llegaremos a construir una
Andalucía soberana desde instituciones españolas, supeditados a los
intereses políticos que se juegan en Madrid o Bruselas; y porque
estos grupos defienden en exclusividad su estatus-quo económico y
político como hemos visto tras su cambio de cartel electoral.
El primer reto que
se le plantea a la izquierda independentista andaluza es el de
recuperar su espacio político natural, ese que les ha arrebatado el
SAT para entregarlo a Podemos. Y recuperarlo es pelearlo con acciones
políticas propias, estrategias dirigidas a la construcción de
alianzas encaminadas a la consecución de la República Andaluza,
desarrollo organizativo y fortalecimiento de los grupos
independentistas, acción social y participación en los conflictos
que afectan a la vida cotidiana de los andaluces/as, desde la
ideología liberadora de la izquierda independentista, sin
intermediarios, sin dependencias y sin participar en el “circo”
mediático al que algunas organizaciones nos tienen acostumbrados. No
se trata de enfrentamientos personales con aquellos que ingenuamente
han caído en las redes de ese reformismo españolista camuflado de
soberanismo andaluz, ni de boicotear actos de nadie, sino de
rediseñar estrategias y tácticas para encaminarlas a la consecución
de los fines por los hemos decidido luchar: la liberación nacional y
social del pueblo andaluz.
La recuperación
del espacio político de la izquierda independentista, es el primer
reto y el más importante con el que se enfrenta el soberanismo
andaluz, y solo se puede conseguir enfrentando ideas y acciones con
los actuales detentadores de ese espacio.
El ocupar un
espacio político, y mucho menos el liderarlo, no es una decisión
unilateral de un grupo político, social o sindical, sino el
reconocimiento de la sociedad y de sus actores políticos, sindicales
y sociales. Conseguir ese reconocimiento no se hace participando en
los actos de las organizaciones a las que necesitamos desbancar para
encauzar el capital humano del soberanismo hacia posiciones realmente
independentistas y rupturistas, puesto que de esa forma les
reconocemos como líderes de ese espacio político y lo afianzamos en
la percepción popular.
Conseguir ese
reconocimiento que en la actualidad se hace imprescindible para que
la izquierda independentista tenga opciones de influir en el devenir
político de nuestra nación, pasa por el enfrentamiento político e
ideológico con los arribistas y encantadores de serpientes que nos
llevan hacia posiciones estatales y reformistas. El reconocimiento de
las organizaciones independentistas por parte de organizaciones
similares en otras naciones del Estado es el principio para que los
actores políticos y sindicales andaluces nos reconozcan y nuestra
acción política pueda redundar en el fortalecimiento de nuestras
organizaciones y el avance en los objetivos políticos.
El camino no es
fácil; hay que luchar contra maquinarias mediáticas y
electoralistas que tienen en el montaje escénico su punto fuerte
para la manipulación y el encauzamiento de la ingenuidad popular
hacia las posiciones que política y económicamente les interesan.
El primer paso es
la denuncia y el debate.
Alí Manzano.

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