
Al igual que en los asuntos religiosos
los conquistadores nos trajeron la “Santa Inquisición”, para
asegurarse de que los andaluces eran buenos cristianos, y castigarlos
en caso contrario… en asuntos lingüísticos, ocurrió algo
similar: se crea la “Real Academia de la Lengua”, cuyo lema es
‘limpia, fija y da esplendor’. Su misión primigenia, fue la de
‘limpiar’ de arabismos y andalucismos la lengua española. A
pesar de su ardua labor durante siglos, han quedado en el idioma
español numerosos arabismos, vocablos y formas lingüísticas
andaluzas. ¿Por qué? Porque posiblemente, lo que se ha denominado
idioma español, no nace en ‘España’, sino en Andalucía, donde
el árabe era hablado tanto por las clases más cultas y acomodadas,
como por las más humildes, en actos administrativos, religiosos,
académicos, científicos, literarios, políticos, diplomáticos...
alternando con el denominado “romance andalusí” en los ambientes
más familiares, en una sociedad caracterizada por el “bilingüismo”.
La aljamía, o romance andalusí, era una mezcla del idioma de los
pobladores prerrománicos andaluces, el bereber, y el árabe, con la
incorporación de elementos lingüísticos latinos.