Cuando iniciamos la biografía de un
personaje, las primeras reseñas suelen ser las relativas a su
origen. En el caso de Domingo Badia, su ciudad natal fue Barcelona,
pero su origen como científico, como explorador, como aventurero y
como musulman, sin duda alguna, está en la ciudad andaluza de Vera.
A esta ciudad, llega en el año 1778, a la edad de 11 años, por
motivos laborales de su padre, D. Pedro, que obtuvo la “contaduría
de guerra y tenencia de Tesorero del partido de Vera en Granada con
ejercicio y distintivo de comisario de guerra”, ciudad en la que
permanece hasta los veintiséis años, en que se traslada a Córdoba
para ocupar el puesto de “Administrador de la Real Renta de
Tabacos”.
La época en la que vive en Vera, desde
los once hasta los veintiséis años, va a forjar su personalidad, su
espíritu aventurero y su interés por el mundo árabe-musulmán, del
que tantas historias habría escuchado a los nativos de Vera.
En el siglo XVIII, Vera era una ciudad
primordialmente agrícola, muy alejada de los centros de poder
políticos y administrativos y de difícil acceso por las pésimas
comunicaciones de la época, lo que dificultó enormemente la
asimilación de la lengua, usos, costumbres y cultura impuestos por
los sucesivos gobiernos de “España” desde la supuesta
“expulsión” de los moriscos en el siglo XVII.
Si tenemos en cuenta que en el siglo
XVII, Vera era tierra de “Señorío”, perteneciente al Marqués
de los Velez, podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que la
supuesta “expulsión” de los moriscos de Vera, al igual que los
del resto de la comarca, no se produjo por la oposición del Marqués
de los Velez, que se hubiera quedado sin mano de obra para trabajar
sus tierras, con la consecuente merma en sus ingresos.
Sobradamente conocidos, son los
documentos que nos revelan el ingenio del Marqués de los Velez para
incumplir la orden de expulsión de los moriscos que habitaban en su
marquesado.
De todo ello podemos deducir que en la
ciudad de Vera no hubo “expulsión” de moriscos ni posterior
repoblación de Castellanos ni de Gallegos. La base de la población,
seguía siendo la misma, convertidos al catolicismo a la fuerza, pero
conservando en secreto sus rituales islámicos, y perviviendo junto a
los rasgos culturales impuestos, gran cantidad de elementos
culturales andalusíes, junto a una lengua plagada de elementos
arábigos y de escritura aljamiada, cuyos últimos retazos han
llegado hasta el siglo XX: arquitectura, habla, vestido (en la vecina
localidad de Mojacar, las mujeres han usado las típicas ropas
andalusíes hasta los años setenta del siglo XX).
En este marco cultural, llega Domingo
Badia a Vera, un niño despierto, ávido de conocimientos, que es
abducido y embrujado por la fuerza de esa cultura que sobrevive en el
estrato social de una población que todavía no ha perdido sus
referentes culturales andalusíes.
La influencia de Vera en Domingo Badia
fue tan grande, que produjo en él la gran obsesión de su vida:
viajar a Tombuctú, en la curva del Níger, en Africa, motivado
probablemente por las historias que había escuchado sobre la gesta
que Yuder Pachá, natural de Cuevas del Almanzora, localidad vecina a
Vera, había protagonizado en el siglo XVI, en esta tierra africana,
a la que la leyenda le adjudicaba una gran cantidad de riquezas,
principalmente oro y plata.
Desde los once a los veintiséis años,
edad en la que se forma la personalidad, las inquietudes y los
sueños, Domingo Badia reside en Vera, integrado en esa sociedad de
reminiscencias moriscas, llegando a casarse con una joven de esta
población , Maria Luisa Berruezo y Campoy, quién tres años más
tarde le dio una hija, Maria de la Asunción Catalina.
Si Domingo Badia nace en Barcelona,
podríamos decir que Ali Bey nace en Vera, pues en esta localidad
almeriense comienza a gestarse el personaje que años más tarde
seria conocido como Ali Bey el Abassi, por sus viajes, estudios,
escritos y por una vida llena de aventura e intriga.
Pero Vera se le queda pequeña. El
espíritu aventurero, soñador e inquieto en busca de conocimiento de
Ali Bey se apodera de Domingo Badia, llevándole hasta Córdoba, el
centro cultural de ese universo morisco que le había embrujado en
Vera. En Córdoba se gana la vida como “Administrador de la Real
Renta de Tabacos”, aunque su ingenio y su talento lo emplea en el
aprendizaje de las ciencias, física, botánica, matemáticas,
astronomía, meteorología y geografía, en las que años después
demostró una gran pericia, como lo demuestra su obra “Ensayo sobre
el gas y máquinas o globos aerostáticos”, firmado con el
pseudónimo de Polindo Remigio en 1792, con una dedicatoria a Godoy.
¿Pensaba ya en presentar a Godoy su proyecto científico en
Marruecos?.
Tres años después, desarrolla el
primer proyecto de globo aerostático del Estado español, fracasando
por diversos motivos, entre otros, las licencias gubernamentales. Su
renuncia al trabajo en la Administración y el asunto del globo,
habían agotado sus recursos, por lo que se traslada a la corte en
Madrid para gestionar la indemnización por los males que se le
habían causado.
La revolución Francesa (1789) había
trastocado el equilibrio político europeo forjado a través de todo
el siglo XVIII. En el Estado español, asciende al trono Carlos IV,
manteniendo en el poder al Conde de Floridablanca hasta el 1792, año
en que es sustituido por el Conde de Aranda, para dar paso a Godoy
unos meses después. La ejecución en Francia de Luis XVI provoca que
España declare la guerra a Francia entrando en la Coalición
Antirrevolucionaria, estableciéndose una Alianza militar con
Inglaterra.
En esta situación política
internacional, Domingo Badía comienza a confeccionar su plan de
viaje científico a Marruecos, y a iniciar la toma de contactos para
la búsqueda de financiación. Entre tanto, trabaja en la biblioteca
del príncipe de Castel-Franco, viviendo de sus ahorros y de la ayuda
familiar, debido al pésimo salario que le proporcionaba su trabajo
en la biblioteca, pero que saciaba su sed de conocimientos, al mismo
tiempo que le dejaba tiempo libre para la confección de su plan.
El día 8 de Abril de 1801 y sin previa
recomendación, presenta a Godoy el “Plan de Viaje al África con
objetos políticos y científicos”. Comienza su plan exponiendo la
dificultad que resulta de presentarse en un país de mayoría
musulmana siendo occidental, por el recelo que suscitaría en las
poblaciones locales. Este problema lo resolvería presentándose en
África con aspecto de musulmán, siendo necesario solamente hablar
un poco de árabe, aprender algunas oraciones del Corán y sujetarse
a todas sus ceremonias, habiendo tomado previamente un nombre
musulmán y haciéndose pasar por “Sectario del Islamismo”.
Pero… conociendo la sociedad de su
época y a la clase política gobernante, sabía que sería muy
difícil que estos aceptaran el que se hiciera pasar por musulmán,
renegando del catolicismo, dada la moral de la época, forjada en
siglos de guerras contra los “moros” de Andalucía y a la
vigencia de la Santa Inquisición, activa hasta fecha posterior al
año 1830 en la que se produjo el último proceso inquisitorial.
Estas guerras de Cruzadas que concluyeron en la formación de España
y en su Unidad política, territorial y religiosa, configuraron una
moral llena de prejuicios hacia el “moro” y hacia todo lo
diferente o desconocido. Para salvar este escollo, Domingo Badia
aducía la “nobleza de sus fines” y los grandes beneficios que la
“cristiandad” obtendría de su empresa.
En principio, el plan forjado por
Badia, se dividiría en tres grandes tramos:
El primero, desde Marruecos (Marrakech)
a Santa Cruz (Agadir) por el Darah (Wad Dara` límite sur de
Marruecos) “entraré en el desierto y por la ruta marcada por Sidi
Mahomet Mousa Abdalla llegaré a Benown en unos dos meses, de allí
seguiré a Walet (Walata, Mauritania), Tombuctú y Haussa, y luego a
San Jorge de las Minas en la Costa de Oro (Elmina, Ghana)”
El segundo tramo de la expedición,
atravesaría de Oeste a Este toda el África ecuatorial hasta llegar
a Biaffra, hasta Melinde en el Zanguebar sobre el mar de la India.
La tercera fase comprendía el trayecto
de Abisinia a Darfour, Cordofan (parte oriental de Sudan), Nubia,
Kamen, Ganat y Trípoli.
Este recorrido, comprendía
aproximadamente 3.250 leguas, que Badia pretendía completar en tres
años. En estos años de viaje, Badia pretendía elaborar un completo
estudio sobre la política, comercio, economía, costumbres, así
como elaborar mapas y recoger muestras de botánica y geología. En
los informes a elaborar, destaca la localización de las fuentes del
Nilo, empeño de los geógrafos occidentales de la época, la
descripción geográfica del curso del Níger, y sobremanera, el
sueño de la infancia de Badía: Tombuctú, la gran metrópoli del
Sahara, de la que tanto habría oído hablar en su juventud
veratense, y de la que se suponía una ciudad tremendamente rica.
El proyecto fue recibido con gran
entusiasmo en la Corte de Marid. El día 10 de Abril recibe una carta
del Palacio de Aranjuez y varios días después una citación de
Godoy. En esta entrevista con Godoy, este le comunica que había
recomendado su plan a S.M, enviándolo a la Secretaría de Estado a
conocer el resultado de su proyecto. El mismo, había sido enviado a
la Academia de la Historia para su estudio. El día 16 de Abril ya
estaba terminado el informe de la Academia, cuyo contenido no se
correspondía con el rigor que cabía esperar de unos “académicos”,
aunque eso no nos debe extrañar, ya que en el siglo XXI, la
“Academia de la Historia”, y la historia “oficial” siguen
faltos de ese rigor científico, acostumbrados a ser los guardianes
de los dogmas históricos que sostienen el Estado Español y su
ideología. La Academia, era partidaria de no intervenir en
expediciones científicas a África, ya que franceses e ingleses
llevaban tiempo en esa tarea, siendo de esperar que ambos terminasen
sus investigaciones y proyectos, no siendo conveniente un gasto en
una expedición que no habría de aportar nada nuevo. Asimismo,
consideraban a Badía una persona inexperta, sin los conocimientos
necesarios para emprender una empresa de esa envergadura, por lo
arriesgada y la ausencia de un compañero que ratificase la veracidad
de sus informes y recogiese sus anotaciones en caso de sobrevenir
alguna desgracia. El informe recomendaba se emplease a Badía en
viajes por América Septentrional en los confines de los dominios del
Rey de España.
Badia no se rinde ante este fracaso y
decide dar un giro a la finalidad del viaje, cambiando los objetivos
científicos por objetivos políticos y militares. Conociendo la
ambición de Godoy, el día 6 de Agosto le entrega una carta donde
expone las ventajas políticas de su viaje, con la posibilidad de
anexiones territoriales.
Se trataba pues, de un ambicioso plan
de anexión territorial, así como un intento de abrir nuevos
enclaves comerciales en la costa africana. Las relaciones entre los
reinos de España y Marruecos, siempre habían sido tirantes, basadas
en la desconfianza mutua. A España, que además de Ceuta y Melilla
mantenía presidios en el Norte de África, le interesaba disponer de
puertos propios en la costa atlántica marroquí, ya que eran la
salida natural a muchos de los productos del interior del continente
africano que tenían gran demanda en Europa, el más importante el
oro. Desde 1780, existía un tratado de paz con Marruecos que
permitía a los comerciantes españoles surtirse en sus puertos de
grano y de otras mercancías. Pero en 1791, el Sultán rompió el
acuerdo y comenzó a exigir a Carlos IV costosos regalos que
pretendía transformar en tributos anuales. La negativa de Godoy a
aceptar estos pagos provocó la prohibición de trabajar a nuestros
comerciantes y frecuentes incidentes fronterizos.
Por todos estos motivos, Godoy demostró
un entusiasta apoyo a Badía. Creó una red de espionaje que dirigía
en España un coronel llamado Francisco Amorós, con el que Badía
entablaría amistad y a quién enviaba sus informes cifrados. El
archivo de Amorós con los papeles de Ali Bey, fue adquirido años
después por el egiptólogo Eduardo Toda, cónsul español en El
Cairo en 1884, y es el que se conserva en Barcelona.
Esta red de espías, se apoyaba en dos
cónsules: Rodríguez Salmón en Tánger y Rodríguez Sánchez en
Mogador, actual Essaouira. Se comunicaban en cifras y con cartas de
amor en las que Amorós era una tal Jenny. Sin embargo, a pesar de
todas estas precauciones, el viaje era un secreto a voces conocido en
todas las chancillerías europeas.
Godoy, en sus memorias nos describe la
finalidad del viaje: “un viaje que a la vista del extranjero pasase
solamente por científico, al África y Asia, mas cuyo efecto
principal seria inquirir los medios de extender nuestro comercio en
las Escalas de Levante, desde Marruecos a Egipto y hacer los planes e
indagaciones para montar nuestro comercio en la región del Asia con
entera independencia de las demás potencias de Europa…era en mi
una idea fija, viva siempre en mi espíritu hasta el punto de soñar
con ella a menudo, buscar el modo de adquirirnos una parte
especialísima del comercio interior del África por el conducto de
Marruecos. Multitud de artículos poco o nada estimables en América
y de valor también muy corto y nada cierto en los mercados de la
Europa, podían hallar salida en los países africanos con preciosos
cambios…España solamente, por su posición geográfica, podía
beneficiar este otro cabo del comercio africano sin temer la
competencia”. El medio para conseguir la finalidad expuesta pasaba
por: “…ganar la confianza de Muley (el Sultán) e inspirarle la
idea de pedirnos nuestra asistencia y alianza contra los rebeldes. Si
esta idea era bien acogida, debía ofrecerse él mismo (Ali Bey) para
venir a negociar…con poderes amplios. Si no alcanzaba a
persuadirlo, debía explorar el reino con achaque de viajero,
reconocer sus fuerzas, enterarse de la opinión de aquellos pueblos y
procurarse inteligencias con los enemigos de Muley, por manera que,
entrando en guerra, pudiésemos contar con su asistencia y obrar de
un mismo acuerdo…para hacernos dueños de una parte del Imperio”.
Godoy había caído en la trampa. Su
ambición no le había permitido darse cuenta de la trama urdida por
Badía para la consecución de su objetivo, de su sueño, la
financiación del viaje del que había echo el objeto de su vida.
Aquí nace el Ali Bey espía, aunque solamente existiera en la
imaginación de Godoy, inducido por las falsas informaciones que
Badía enviara desde Marruecos.
En la entrevista que mantuvo con el
primer secretario del despacho, D. Pedro Ceballo, Badia propuso como
compañero de viaje a D. Simón de Rojas Clemente, persona de gran
formación, doctorado en Teología por la Universidad de Valencia y
arabista, gran conocedor del idioma árabe, y al igual que Badia,
converso al Islam con posterioridad. Badia y Simón de Rojas,
compartían su interés por la lengua árabe y por las ciencias en
todas sus vertientes. De hecho, Badía asistió a las clases de
lengua árabe de Rojas, catedrático de filología en aquel tiempo.
Una Real Orden de 20 de Agosto, dispuso
su habilitación para el viaje. Pero no fueron del agrado de Badia
las condiciones dispuestas en la Real Orden: una mera ayuda de 3.000
reales, añadidas a su sueldo de funcionario, que se elevaba a otros
3.000 reales mensuales, siendo la mitad de esa cantidad para su
acompañante Rojas, además de la que debía destinar a la compra de
instrumentos científicos que debían de construirse en Inglaterra en
presencia de Badia.
Era tal la ambición y ansias de
grandeza de Godoy y de la clase política en general y el deseo de
competir con las grandes potencias de la época, Francia e
Inglaterra, que lleva al gobierno de España a realizar la acción
más ridícula de cuantas emprendiera cualquier gobierno de este
Estado hasta la comparecencia del anterior presidente de Gobierno,
Sr. Aznar en las Azores. El 28 de Noviembre de 1.801 el Diario de
Madrid publica la noticia del viaje de Domingo Badia a Marruecos, con
todos los detalles correspondientes al mismo: objetivos y forma
musulmana del protagonista del viaje. Un viaje secreto anunciado en
la prensa.
Cuanto se parecen aquel Godoy y este
Aznar. La ambición y los deseos de grandeza propiciados por la
creencia en el destino Imperial de España les llevaron al engaño y
al ridículo histórico: uno en Marruecos y el otro en las Islas
Azores. A uno con falsos proyectos de anexión territorial y al otro
con la promesa de sentarse a la derecha del emperador. Después de
doscientos años, la política española no ha cambiado nada: querer
y no poder, ajenos a la realidad que marcan los tiempos y los
pueblos.
Badía y Rojas viajan a Londres para
proveerse de material científico: círculo reflectante, telescopios,
cronómetros, etc.
Aprovechando la ausencia de Rojas,
Badía se somete a la circuncisión. A la vuelta de Rojas, este
encuentra “pálido y casi exánime a su amigo, quién le aconsejó
que de ninguna manera se expusiera a igual tormento y riesgo”. Es
de suponer el riesgo de una operación de este tipo en el año 1803,
a pesar se ser operado por el afamado cirujano William Blizard.
El 23 de Abril de 1803 llegan a Cádiz
con los sobrenombres de Ali Bek Abdallah y Muhamet ben Alí. A Godoy,
no le pareció conveniente el acompañamiento de Rojas, pues
consideraba que “ni tenía su atrevimiento ni convenía exponerlo,
joven de grandes prendas y de ricas esperanzas”. Badia viaja en
solitario a Tánger el 29 de Junio, escribiendo desde allí a su
desilusionado amigo: “Cada día veo más imposible la venida de
usted aquí. Me duele en el alma de ello…Adiós, Clemente mío”.
Godoy le empleó en la redacción de una “Historia civil y política
de las dos Alpujarras, alta y baja”, sin llegar a publicarse.
A partir de aquí, dejamos atrás a
Domingo Badía, tras largos años de estudio, de proyectos, de
gestiones y de fracasos, para dar vida a ese personaje nacido de los
sueños de un niño en la ciudad morisca de Vera. Todo son conjeturas
en un personaje cuya vida ha estado marcada por el misterio, pero no
me cabe la menor duda de que la fantástica aventura de Ali Bey,
solamente podía gestarse en la cabeza de un niño cuya imaginación
hubiese sido espoleada por la tradición literaria morisca, cuya
pervivencia en la localidad almeriense de Vera no nos ofrece dudas.
Tras años de gestación, por fin nace Ali Bey, cuya gesta, tan
magnífica como ignorada, solo es comparable con la de su paisano de
Cuevas del Almanzora, Yuder Pachá, en su extraordinaria hazaña que
le llevaría hasta las lejanas tierras de la Curva del Níger,
Tombuctú, doscientos años antes. La metamorfosis sufrida por
Domingo Badía ya no tenía marcha atrás. El espíritu del personaje
morisco nacido en Vera había completado el proceso de asimilación
en Domingo Badía, para no dejarlo hasta el final de sus días, en su
segundo viaje a Meca, ciudad a la que probablemente viajó para morir
en ella, sabedor de la cercanía de la muerte por la “disentería”
que le mantenía enfermo desde hacia tiempo. No pudo completar este
viaje, ya que su encuentro con “Allah” le sobrevino en la ciudad
Siria de Damasco. Pero desde su salida de Cádiz hacia Tánger hasta
su “encuentro” en Damasco, su vida estuvo llena de anécdotas, de
aventuras, de investigaciones y de “búsqueda”. El famoso hadiz
del profeta Muhammad “si el conocimiento está en China, ve a China
a buscarlo” se cumplió sobradamente en Ali Bey. Desde Vera hasta
Damasco, su vida fue una continua búsqueda.
Ali Manzano

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